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DEPARTAMENTO DE INVESTIGACIÓN HISTÓRICA
ENFERMEDADES Y EPIDEMIAS PADECIDAS POR LOS ESCLAVOS EN EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA. ASPECTOS DE POLÍTICA SANITARIA
Por Jorge Alberto Requejo *
Nuestros estudios de la población rioplatense de origen africano no han dejado nunca al margen el interrogante sobre las posibles causas de su posterior desaparición. Hemos mostrado, entre las causas de este proceso, el mestizaje y la movilidad del grupo hacia zonas rurales que favorecieron su "blanqueamiento social". En este trabajo sin negar lo sostenido anteriormente estudiamos como otras de dichas causas, las enfermedades y epidemias que diezmaron a los afroargentinos.

Analizamos la variación de la dimensión cuantitativa de este grupo entre 1750 y 1820, las formas de alimentación, el hambre y la enfermedad que consideramos estrechamente ligadas al alto índice de mortalidad, a las condiciones de vida y las formas de integración social de los esclavos rioplatenses.

A las enfermedades y epidemias que sufrieron en el Río de la Plata antecede la cruel travesía atlántica que jugó, conjuntamente con el proceso de desarraigo, uno de los papeles más destacados entre los factores de riesgo para su supervivencia. A la tipología de las enfermedades generadas en sus lugares de origen y/o adquiridas en él tránsito desde allí, a los puertos de embarque y desde estos hacia América agregamos, en esta investigación, algunos indicios que ya tenemos acerca de las enfermedades que aquí sufrieron.

Realizamos este análisis gracias al desarrollo de la metodología específica para el estudio de la epidemiología histórica. Esta relaciona la enfermedad como fenómeno individual y colectivo y destaca su contribución a la mortalidad como factor de riesgo de determinadas poblaciones en diferentes procesos históricos. Nos permiten encarar este trabajo, además, los estudios específicos realizados desde la historia biológica y la historia de la medicina como desde los estudios efectuados por equipos interdisciplinarios.

En este caso llega a considerarse a América como una extensión de África en mayor medida que de Europa. Asimismo nos indujo a este estudio la frecuencia con la que en nuestras investigaciones sobre el tema, las fuentes nos mostraron en forma aislada pero recurrente, las posibilidades del análisis de la incidencia de la enfermedad en las condiciones de vida y en la mortalidad de la población negra rioplatense.

LA EPIDEMIOLOGÍA HISTÓRICA
En el presente trabajo se ha procurado unir dos temas que generalmente se estudian por separado, pero es apropiado considerarlos como partes relacionadas de un conjunto más amplio. Uno de ellos, la demografía histórica, se ocupa del estudio del tamaño de las poblaciones humanas; el otro que es un campo relativamente olvidado de la historia de la medicina, trata de los orígenes de la enfermedad y estudia el papel que las influencias médicas y de otra índole desempeñaron en los cambios que la salud experimentó en el pasado.

El aspecto demográfico ha interesado principalmente a los demógrafos y a los historiadores de la economía, los cuales conceden mucha importancia a la relación entre el crecimiento demográfico y el desarrollo económico e industrial. Han mostrado un interés especial por la primera fase de la industrialización en los siglos XVIII Y XIX, y se han preguntado si la mejora de las condiciones económicas condujo a la expansión demográfica o si el crecimiento demográfico que ayudó a la industrialización fue debido a alguna otra causa que en esencia era independiente de ella. Estos aspectos de la cuestión han impulsado a los historiadores a estudiar la fecundidad y la mortalidad y le han llevado a un terreno que deberían tener en común con los historiadores de la medicina: el estudio de los motivos de los cambios habidos en la salud en el pasado.

Curiosamente, los historiadores de la medicina pocas cosas han dicho acerca de la historia de la salud humana(1). Tal vez ello se deba principalmente a que la explicación les parecía evidente de por sí.

Desde el siglo XVII, el pensamiento médico se ha visto dominado por el concepto del cuerpo como máquina, cuya protección de la enfermedad y sus efectos depende sobre todo de la intervención interna (2).

Los modernos progresos de la salud se atribuyeron a los avances del conocimiento médico y a su aplicación por medio de procedimientos preventivos y terapéuticos de índole clínica; y no se tuvo seriamente en cuenta la posibilidad de que cambios profundos de las condiciones de vida estuvieran transformando la salud.

Conviene recordar, en este sentido, como las diferentes dinámicas poblacionales, traducidas en los períodos de crecimiento, de regresión, o estancamiento de los efectivos poblacionales, están y han estado condicionadas por fenómenos de diversa naturaleza.

Aunque dichas dinámicas son el resultado inmediato de la evolución de variables como la nupcialidad, la fecundidad, la mortalidad o los movimientos migratorios, su origen hay que situarlo en el amplio conjunto de factores de naturaleza biológica, económica, cultural, política, geográfica, etc., que determinan la evolución de todas estas variables, (Modelo de riesgo).

Los problemas de salud y los episodios de enfermedad que han afectado a las diferentes poblaciones, hay que considerarlos, por tanto, como un factor más dentro del conjunto de fenómenos que están detrás de aquellas dinámicas, y no pueden ser desligados de los aspectos socioeconómicos, culturales, políticos, científicos, etc., que las condicionan.

La aportación del método epidemiológico y de los estudios de epidemiología histórica puede contribuir a conocer cuál ha sido el papel y la influencia de la enfermedad y sus manifestaciones, mortalidad, morbilidad y discapacidades, en la evolución de la población.

La disciplina que atañe a este trabajo, desde su carácter ecléctico e integrador a través de la aplicación de las reglas del análisis epidemiológico al estudio de las poblaciones históricas, aparece como una disciplina clave para avanzar en la deseada explicación interdisciplinar de la propia historia de la población africana en el Virreinato del Río de la Plata.

En este contexto de pluridisciplinariedad, la epidemiología histórica, que guarda estrechas relaciones con la demografía histórica, al compartir un mismo marco de estudio, la perspectiva poblacional, y unos recursos heurísticos y problemas metodológicos, no puede ser ajena a las aportaciones conceptuales y metodológicas de disciplinas como la historia social de la medicina, la historia de la ciencia y de la técnica, o de la misma antropología de la salud (3).

La desaparición de la población rioplatense de origen africano, no ha dejado nunca al margen el interrogante sobre las posibles causas de su posterior desaparición. Se ha mostrado, entre las causas de este proceso, el mestizaje y la movilidad del grupo hacia zonas rurales que favorecieron su "blanqueamiento social". Sin negar lo sostenido anteriormente, estudio como otra de dichas causas, las enfermedades y epidemias que diezmaron a los afroargentinos(4).

Como no es la intención de este trabajo ser un tratado de enfermedades de los negros, sino un ensayo de índole histórico, se analizarán dos tipos de dinámicas demográficas: la dinámica demográfica tradicional y la llamada dinámica demográfica moderna (5).

En este contexto de transición de una dinámica a otra, donde hay que situar algunos de los principales problemas historiográficos que interesan a la epidemiología histórica: la mortalidad de crisis y el papel que desempeñaron las enfermedades de comportamiento epidémico, las causas médicas de la enfermedad y la muerte y el interés en el conocimiento de los morbos responsables de los altos niveles de mortalidad que mostraron las poblaciones negras, al pasar forzadamente de un régimen a otro (6).

EN EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA
Un acontecimiento soberbio y desesperado, estamos en 1776, la monarquía española que resiste su lenta pero inexorable disolución decide otorgar a la región del Río de la Plata rango virreinal, con cabecera en Buenos Aires.

En la época de su creación, los territorios que abarca el Virreinato del Río de la Plata no son otra cosa que un extenso "desierto", con islas de población-ciudades que intentan imitar a las europeas, dispersas en torno a centros productivos, ejes comerciales y fortines (7).

Las nuevas pautas administrativas y económicas contribuyeron a acelerar un proceso de crecimiento demográfico y redistribución de la población dentro del territorio que ya se anunciaba desde la segunda mitad del siglo XVIII. Si bien las diversas fuentes que se utilizan para el período resultan poco confiables, se puede estimar que entre 1770 y 1810 la población aumenta de 320.000 a 460.000 habitantes con un predominio marcado del interior pero revelando un crecimiento más dinámico en la región del litoral. Este fenómeno no es solamente atribuible a un crecimiento vegetativo, ya que durante este período se registró un renovado interés por parte de los inmigrantes peninsulares, catalanes, vascos y gallegos, que llegaron atraídos por las oportunidades que brindaba la expansión comercial o, en menor medida, con la esperanza de convertirse en colonos. También significó un aporte importante la introducción de esclavos negros, que se vio auspiciada por las libertades que a lo largo de todo el siglo favorecieron al tráfico y que permitió que en algunas regiones llegaran a reemplazar en una economía de neto perfil expansivo a la mano de obra que por distintas razones escaseaba (8).

Los indígenas constituyen una minoría en continua dispersión. Durante la colonización, mediante la llamada ley de encomienda, muchos aborígenes eran entregados a los conquistadores como fuerza de trabajo, permaneciendo en comunidad. Aunque ciertas encomiendas sobrevivieron a la instauración del virreinato, a mediados del siglo XVIII habían virtualmente desaparecido, como así también las reducciones-poblaciones de indígenas fundadas por misioneros.

Mayor presencia tiene la población africana. Originada en el tráfico de esclavos, esta comunidad tiene un impacto significativo en el mundo urbano.

Aunque también proveen mano de obra en las tareas rurales, son sobre todo las artesanías y los servicios en las ciudades sus actividades primordiales. Buenos Aires rápidamente se convierte en el principal polo de atracción del tráfico.

Con una fluida entrada de esclavos desde comienzos de siglo, la proporción de la población de color se eleva del 18% en 1744, al 25% en 1778 y al 30% en 1807, porcentaje que se mantendrá relativamente constante hasta mediados del siglo XIX. A pesar de representar históricamente los segmentos más marginados, los negros tienen un papel social activo y visible y conforman, especialmente a partir de 1820, un elemento importante de la identidad urbana (9).

La llegada al puerto de Buenos Aires, lejos de terminar con los sufrimientos de la carga humana, constituía un nuevo motivo de sinsabores para los negros, pese a que los asentistas insistieran reiteradamente ante las autoridades para conseguir un pronto cumplimiento de las formalidades prescriptas.

En los primeros tiempos pasaban a bordo, ni bien las embarcaciones entraban en puerto, los oficiales reales, acompañados por el alguacil mayor y algún delegado del Virrey o Gobernador, en caso de no acudir aquél personalmente, a efectos de realizar la visita de entrada o fondeo, establecida por la ley para impedir todo comercio de contrabando. Posteriormente efectuaban esta inspección las autoridades del puerto y de la Aduana.

El impulso dado al comercio de esclavos en el Río de la Plata en las dos últimas décadas del siglo XVIII se ubica en el contexto de la Real Cédula del 31 de mayo de 1789 sobre educación, trato y ocupaciones de los negros. Fundado el comercio en la Real Cédula, librando el tráfico de esclavos, a partir del 24 de noviembre de 1791, se reglamentó localmente con las llamadas "Reglas" que deben observarse en el giro del libre comercio de negros, que dictará el Virrey Arredondo el 9 de abril de 1794. También se promovió el comercio de esclavatura por Real Orden del 23 de octubre de 1799.

POLÍTICA SANITARIA
La designación de una Junta de Sanidad integrada por tres cirujanos cuya misión era la de inspeccionar en el puerto de Montevideo, lugar de llegada de los navíos negreros y en especial la participación de Juan Cayetano Molina, presidiendo la Junta, comenzó a generar conflictos en torno a la trata en el Río de la Plata.

Propuso éste sin conseguir la firma de sus compañeros, que se observaran las medidas higiénicas para evitar el contagio, dadas las pésimas condiciones en que llegaban los buques y el desembarco de los "apestados", en el Buceo, donde la población local acostumbraba a lavar la ropa (10).

El prolongado conflicto que tiene como protagonistas a Juan Cayetano Molina y a Martín de Álzaga que había fletado El Joaquín, trayendo negros de Mozambique, lo que generó la protesta de Álzaga. La fundamentación de éste para declarar en cuarentena al buque y su posterior expulsión del puerto, irritó, a Álzaga. Este sostenía que debido a la escasez de agua durante la travesía se racionó para los negros y no para la tripulación, ninguno de sus miembros se enfermó, por lo que alegaba que los esclavos no murieron de peste si no de sed ya que la peste afecta a todos por igual. La respuesta a sus protestas fue la consiguiente revisión de la medida por parte del Virrey Sobremonte y el desconocimiento de que esta revisión hiciera el gobernador Ruiz Huidobro apoyando las disposiciones adoptadas por Molina. Por otra parte éste, al calificar al comercio negrero como inhumano y execrable provocó la ira de Álzaga. Aconsejaba, además, "posponer los particulares intereses de uno o más individuos y adoptar medidas para que las víctimas que indispensablemente han de ser sacrificadas, en clara alusión a la eutanasia profiláctica"(11) .

Su opinión fue considerada por Álzaga como un capricho que con imprudencia ponía obstáculos a quienes exponían sus caudales para el comercio de esclavos contraviniendo las disposiciones reales que lo alentaban.

En las acciones judiciales correspondientes a este caso se evidencia el juego de poderes, el enfrentamiento político entre Buenos Aires y Montevideo a través del choque entre Álzaga y su socio Zacarías Pereira, apoyados por Sobremonte, con Ruiz Huidobro que favorece, en Montevideo, el accionar de la Junta de Sanidad representada por Molina.

Maliciosamente Álzaga desconoce la capacidad de Molina como sanitarista solicitando la opinión del Tribunal del Protomedicato como centro de probada capacidad científica. Convoca a estos, para responder a un interrogatorio respecto a las enfermedades de los negros (12).

Cuatro médicos respondieron extensamente sin comprometer su opinión respecto al caso concreto de El Joaquín motivo del juicio.

El informe demuestra a las claras la extensión del denominado cientificismo racial tanto como la extensión del poder de Álzaga. Esto se evidencia en el hecho de que no se enfrentan a él tal como lo hiciera Molina.

Por el Protomedicato informaron el médico y doctor José Redhead que había acompañado buques negreros provenientes de África y el Dr. Juan Tyndall que había residido tras muchos viajes en la costa occidental de África. Ambos responden escuetamente. Los informes más interesantes son los del Dr. Carlos Guerri con larga experiencia por haber residido en Mozambique y el del Licenciado Joseph Alberto de Capdevila que hacía los reconocimientos para la regulación de los esclavos en Buenos Aires.

Los informes se elevaron con la firma de Miguel O´Gorman y Agustín Eusebio Fabre. Se les solicitó respondieran las siguientes preguntas:
1.-¿Cuáles son las enfermedades contagiosas endémicas en la costa oriental de África?
2.-¿Cuáles son las enfermedades contagiosas que inficionan a la negrada?
3.-¿Qué juicio formaba sobre el carácter de la diarrea de los negros?
4.-¿Si las negradas han introducido epidemias en este país?
5.-¿Cuáles deberán ser las reglas de cuarentena respecto de los negros?(13)
La respuesta a la primera pregunta coincidió en las saludables condiciones de vida en Mozambique, donde no se presentaban enfermedades contagiosas o endémicas. Con respecto a la segunda respuesta, señalaron las disenterías, el escorbuto y la diarrea, la sarna, las oftálmicas y la viruela. Capdevila agrega a éstas las caquexias, fiebres nerviosas y venéreas. Guerri no sólo hace una descripción exhaustiva de las enfermedades endémicas de Mozambique, su descripción y cura sino que agrega estadísticas de mortalidad por enfermedades en Mozambique entre 1789 y 1800.

En síntesis, salvo Capdevila, ninguno considera que el contagio de los esclavos desembarcados pueda ser peligroso para la población rioplatense. La viruela ya está "naturalizada" y Redhead incluso señala que no la ha visto en Liverpool donde se concentran gran cantidad de barcos negreros(14). Por su parte Capdevila señala que fue introducida en una partida de negros y han muerto miles, en 1793 provocó en Buenos Aires más de dos mil muertos.

Por lo que se puede observar, no hay un juicio condenatorio de parte de los médicos del Protomedicato, sí en el cirujano Molina que condena el comercio de esclavos, y señalaba la necesidad de dejar actuar a la Junta de Sanidad con rigor hasta conocer el morbo, y si es necesario disponer el aislamiento, la vacunación y calmar los recelos del público en cuanto al contagio.

Una vez "solucionados" los conflictos debido a intereses mezquinos, los negros eran finalmente desembarcados, y conducidos bajo custodia a los lugares habilitados para su depósito(15). Allí se procedía al "palmeo" o sea la valuación oficial y la medición de las cabezas de negro(16).

ASPECTOS MÉDICOS
Para evitar la venta de esclavos enfermos y sobre todo para impedir la propagación de las epidemias, se estableció, un régimen de cuarentena y la revisación de los negros previa a su venta. Esta medida y otras similares ordenadas en los puertos negreros de entrada levantaron una oleada de protestas, como ya he mencionado anteriormente.

En los barracones de cuarentena no sólo se reponían los negros atendidos de sus enfermedades sino que se acudía a ingeniosos engaños destinados a mejorar su apariencia. Apenas desembarcados los esclavos, se los lavaba a baldazos y se los frotaba con una mezcla de pólvora y aceite de coco, que les pigmentaba y flexibilizaba la piel, dándoles una apariencia lustrosa y saludable. Las encías y labios eran restregados con limón y pimienta, dándole una coloración rojiza. Les rapaban la cabeza para ocultar las canas y, los vestían con pantalones de vivos colores.

Pero los compradores, antes de adquirir un esclavo, examinaban cuidadosamente los tegumentos restregándoles el cuerpo, le palpaban la musculatura, examinaban sus dientes. Hasta el sudor le probaban, pues creían deducir de él su salud y su origen.

Apenas comprado, el negro era marcado sobre la piel con el "carimbo" (fierro) o "marca" (del adquirente), exactamente igual como se realiza con el ganado vacuno. Se aplicaba un papel engrasado sobre el pecho o la región deltoidea del esclavo y se oprimía suavemente sobre él la marca, por lo general de plata calentada al rojo sombra. Los negros pretendían que esta operación no era muy dolorosa(17).

Otros amos preferían marcar al esclavo en la cara, con una flor de lis en la mejilla y una estrella en la otra.

Recuperado de su salud y vendido al amo, el negro volvía a padecer enfermedades, tanto que la mortalidad alarmaba a veces a las autoridades.

Guillot (18) describe un grupo de enfermedades propias del estado de esclavitud encontrada en el negro, debidas a las pésimas condiciones en que muchas veces vivía, malos tratos, suciedad y promiscuidad, carencias alimentarias, etc.

La enfermedad es parte de la vida cotidiana tanto como su prevención y curación. Se pueden reconocer dos períodos institucionales. El primero, el del Protomedicato, iniciado en 1780 y disuelto en 1822. El segundo, el del Tribunal de Medicina, que reemplaza al anterior y se hace cargo de la formación académica de los médicos desde el Departamento de Ciencias Médicas. Sin embargo, pocos son los adelantos en materia de higiene pública y el arte de curar en el Virreinato del Río de la Plata.

En 1772, el Virrey Vértiz intentó mejorar la limpieza y seguridad de la ciudad. Bajo el sistema de Intendencias, las mejoras en sanidad se implementaron a través de un código edilicio, la limpieza de las calles. De todos modos, Buenos Aires tenía una deficiente sanidad y un pobre abastecimiento de agua. Aunque algunas casas tenían aljibes, la mayoría de la población dependía de los aguateros que acarreaban agua del río donde se bañaban personas, animales, se lavaba ropa y se acumulaban desperdicios. El deficitario abastecimiento de agua fue un factor importante para la propagación de las epidemias(19).

Por su parte el viajero Concolorcorvo (20), quien en su libro: El Lanzarillo de Ciegos Caminantes, describe el itinerario desde Buenos Aires a Lima, con respecto de Buenos Aires escribe: "las condiciones sanitarias son deplorables", "durante las noches, las calles se llenan de ratas y otras alimañas" .(21)

Más allá de las controversias acerca de la identidad del autor, no cabe duda de que el libro "Cinco Años en Buenos Aires, 1820-1825", constituye una fuente de inapreciable valor. En ella se confirma lo escrito por Alonso Carrió de la Vandera, "muchas ratas, insectos infectan las casas, lo mismo que el polvo", "la higiene de la ciudad es deplorable"(22) .

Por su parte, José Luis Busaniche en "Estampas del pasado", hace referencia al pésimo estado de las calles: "sus calles de igual y regular ancho, pero se hace intransitable a pie en tiempos de aguas"(23) .

Las pestes acompañaron a la ciudad desde su fundación; estos fenómenos sacudieron con particular violencia a negros e indios, provocando un efecto desolador. Por ejemplo, en 1605, la peste de viruela, introducida por una expedición de 1000 hombres, provenientes de España, que se dirigían a Chile atravesando el actual territorio argentino, ocasionó la muerte de unos 500 de los 750 negros que vivían en la ciudad de Buenos Aires (24).

También por esta época aparece el "tabardillo" (fiebre tifoidea) que repetidas veces adquiría formas epidémicas. La expedición mencionada introdujo la viruela que reapareció con distinta frecuencia e intensidad durante 300 años; esta enfermedad causó mayores estragos que cualquier otra, incluyendo la tuberculosis (25). También otras enfermedades se adueñaron de la ciudad, la sífilis, la tuberculosis, el alcoholismo, etc.

El negro que poblaba el Río de la Plata, en mayor número que los indígenas y constituía un elemento costoso dado su precio, estaba algo mejor atendido, relativamente, lo que le permitía presentar mayor resistencia a diversas patologías. Quizá pudo inmunizarse lentamente, en su tierra de origen, contra la viruela, pero otras enfermedades lo atacaron diezmándolo.

Siempre se ha especulado mucho sobre la esperanza de vida de los esclavos. Hoy parece demostrado que ésta no se diferenciaba demasiado de la de las poblaciones libres con las que convivieron. Ya en obras del siglo XIX se sostenía que la duración media de la vida activa de los mismos al empezar su edad adulta no pasaba de los siete años. La mortalidad asimismo no llegaba, empero, a tales cimas, ni siquiera si se suman las muchas muertes sufridas por los africanos al ser expuestos a un nuevo medio patógeno durante los primeros meses de "aclimatación". La esperanza media de vida de los nacidos en América latina apenas superaba los veinte años.

Cuando se dice que la esperanza de vida de un esclavo varón era entonces, a lo sumo de veintitrés años, ello no significa, obviamente, que la mitad de los adultos muriera a esa edad. Téngase presente que la mortalidad infantil era en el siglo XIX tan elevada que un tercio de los varones nacidos moría antes de cumplir un año y casi la mitad antes de los cinco.

Para los niños esclavos que alcanzaban el primer año de edad, la esperanza de vida era de 33,5 años; para quienes superaban los cinco, de 38,5. El esclavo varón que sorteaba esos primeros cinco peligrosos años tenía buenas probabilidades de llegar a cuarentón. Para las mujeres, el panorama era algo mejor. Sólo el 27 por 100 de ellas moría antes del año de edad y el 43 por 100 antes de los cinco. Su esperanza de vida al nacer era de 25,5 años; las que sobrevivían el primer año podían alcanzar los treinta y cuatro años de edad y las que superaban los cinco, treinta y nueve(26).

El índice de mortalidad infantil (de 0 a 1 año por mil nacidos vivos) es muy alto en blancos y negros, pero francamente mayor en el grupo de color. Este índice es uno de los más significativos cuando se habla de nivel de vida de una población. El cálculo de las defunciones de niños de 0 a 3 meses por mil nacidos vivos, muestra que la mayor mortalidad en el grupo de color se daba en ese período de edad. Esto se ve ratificado y explicado en la observación de Woodbine Parish, quien era representante de la Corona Británica en el Río de la Plata desde 1824 a 1832(27) . "Un gran número de criaturas muere en la primera semana de su existencia a causa del llamado “mal de los siete días”(28) ; pero como esto se limita principalmente a las clases bajas, puede en la mayor parte de los casos atribuirse a la ignorancia o negligencia de las madres. Se ve muchas de las lavanderas de Buenos Aires entregarse a sus trabajos habituales a la orilla del río, a los tres o cuatro días después del parto, teniendo las criaturas acostadas sobre un pedazo de cuero frío, cerca de ellas, sobre el húmedo suelo. ¿Puede a nadie extrañar que a causa de esto se resfríen y mueran?". En otro párrafo dice: "Casi todas las lavanderas de Buenos Aires son negras libres o mulatas(29).

Según Besio Moreno(30) el tétano infantil, enfermedad que se producía esporádicamente en Buenos Aires desde 1800, este mal conocido como mal de los siete días, porque atacaba durante la primera semana de vida, era según terminología de la época "una especie de alferecía"(31), la preocupación de las autoridades acerca de este mal fue constante. A partir de 1795 que se descubrió en Cuba que la aplicación del aceite de palo en el cordón umbilical preservaba a los niños de la muerte, se dictó una Real Orden sobre su uso en toda América. Consta su aplicación en Buenos Aires por el informe pasado por O´Gorman sobre los resultados obtenidos(32). De todos modos el mal no desapareció por completo, y bien pudo haber recrudecido en 1813, año en que la Asamblea dio a conocer el famoso decreto del bautismo con agua tibia(33). Se fundaba el decreto en la alta mortandad infantil a causa de este mal, que se creía originado a veces en un espasmo ocasionado por el agua fría. En 1816 Pueyrredón reiteró su cumplimiento, agregando que de no haber peligro de vida se difiriese el bautismo hasta después de los ocho días(34).

Ciudad y campaña sufrieron periódicamente el azote de la angina gangrenosa, la viruela, el sarampión y la disentería. La viruela era la más violenta, hasta que comienzan a sentirse los efectos de la vacunación, a partir de 1830.

La población de color no escapó a las epidemias, y fueron diezmados en mayor medida que la población blanca. Los esclavos que salían indemnes de los ataques de disentería, la enfermedad más letal para ellos y otras dolencias infantiles tenían, está claro, una vida activa media muy por encima de aquellos míticos siete años tantas veces mentados. Los esclavos constituían por cierto una clase trabajadora y sufrían, por tanto, con mayor frecuencia accidentes laborales a más de enfermedades infecciosas y otras provocadas por la dieta propia de los estamentos sociales más pobres. Como los dolores de costado y pulmones, las fiebres catarrales y reumáticas y las apoplejías serosas(35). A éstas hay que agregar la tuberculosis, las famosas fiebres intestinales, causadas según los testigos por el uso indebido de aguas de río, y en menor medida la hepatitis.

No sorprende que los esclavos padecieran las peores tasas de morbilidad y mortalidad dentro de las sociedades donde residían. El nivel general de decesos y enfermedades incidió sobre las tasas vitales de los esclavos, a lo que se suma el hecho de que éstos ocupaban los peldaños más bajos.

En 1829, Buenos Aires fue atacada por un brote epidémico de viruela de carácter grave y elevado número de decesos. Según M. Goldberg y S. Mallo, la población negra tuvo una alta mortalidad para ese año y siguientes. Las cifras en la gente de color disminuyen a algo más de la mitad en 1830, y en 1831 apenas superan esta última cantidad. La mortalidad de la población blanca desciende en 1830 a un tercio y en 1831 a un cuarto de la cifra registrada en 1829. Dos años después la población blanca se ha repuesto y en cambio la población esclava sigue deficitaria.

La actividad física tiene un límite: la enfermedad. Y esta es parte de la vida cotidiana tanto como su prevención y curación.

Los registros parroquiales representan la fuente más importante para el estudio de los hechos vitales que acontecieron en la población negra (bautismos, matrimonios y defunciones) antes de la introducción del Registro Civil. Constituyen para la epidemiología histórica, como ocurre con la demografía histórica, su principal fuente de datos con anterioridad a la aparición de la moderna estadística(36).

La naturaleza de la fuente en cuestión, orientada hacia el control administrativo y eclesiástico de parroquias y feligreses, y carente de cualquier finalidad estadística, le otorga unas características peculiares que repercuten en la calidad de la información recogida. Uno de los problemas más importantes lo constituye la tardía e incompleta recogida de las defunciones infantiles, lo que supone un serio obstáculo para el conocimiento exacto de los niveles de mortalidad que pudieron alcanzar las poblaciones, y en especial, como es lógico, los de mortalidad infantil-juvenil(37).

Marta Goldberg, que ha estudiado la población negra en el Río de la Plata sobre la base de registros del Cabildo, el ejército y otros, donde aparecen en forma esporádica datos que nos proveen información sobre patologías de infantes de color (38).

La epidemiología histórica, y en especial la escuela francesa(39), ha desarrollado, desde la década de los cincuenta, todo un conjunto de técnicas y métodos que permiten, entre otros aspectos de interés demográfico o historia social, un conocimiento aproximado de la distribución de la enfermedad, en términos de mortalidad, registrada por una determinada población.

En concreto, el método de vaciado de los registros parroquiales denominado de reconstrucción de familias, permite conocer parámetros tan importantes para la epidemiología histórica como la edad de los difuntos, (en el caso de los esclavos es aproximado este dato), el análisis detallado de la mortalidad infantil, la construcción de tablas de mortalidad o el cálculo de la esperanza de vida.

Uno de los déficits más importante de los registros parroquiales lo constituye la ausencia de información relativa a las causas de muerte. Esto se debía a que en general las causas de defunción no eran especificadas con rigor en la época, además, el desconocimiento de ciertas pautas hacía que los diagnósticos fueran vagos o tan generales que podrían ser aplicados hoy en día a más de una enfermedad; por otro lado, muchas veces se enumeran las medidas profilácticas, pero no la enfermedad.

Junto a los registros parroquiales, también durante el período colonial, la epidemiología histórica dispone de otras fuentes documentales. Básicamente las podemos agrupar, en lo que podríamos llamar archivos de carácter administrativo y los archivos hospitalarios.

En el caso de los archivos administrativos, los del Cabildo son, sin lugar a dudas, los que ofrecen una documentación más variada e interesante, aunque presentan la limitación de su ámbito local. La documentación referida a epidemias y contagios aparece como una de las que informan de forma más directa acerca del impacto de la enfermedad sobre la población, "El primer año de epidemia considerada grave fue 1803. Desde fines del siglo XVIII sufría la ciudad periódicos azotes de angina gangrenosa, sumándosele en 1802 una epidemia de viruela"(40).
Otro tipo de documentación, custodiada en los archivos de carácter administrativo, con interés para el análisis epidemiológico, es la relacionada con la lucha contra la enfermedad y su prevención (desde instituciones encargadas de velar por la salud de la población, como las Juntas de Sanidad, el Protomedicato o las medidas de inspección sanitaria). Junto a toda esta documentación de carácter más sanitario, que acabamos de ver, los archivos de carácter administrativo referidos al ámbito local, contienen una variada temática de documentos que pueden ofrecer interesantes informaciones de interés epidemiológico.

Los archivos judiciales, sin que sea este el tema central en cada uno de los conflictos que se dirimen, incorporan al enfermo y a la enfermedad de diversas formas. En el caso de los negros y mulatos esclavos la enfermedad aparece en primer término en los casos de redhibitoria, definido como el derecho a la devolución por venta maliciosa o por no haber manifestado el vendedor el defecto o enfermedad de la cosa vendida(41).
En segundo término por la búsqueda de la manumisión o la libertad, no siempre acompañada por datos respecto a la edad entre otros(42).

Otras fuentes a tener en cuenta son los registros de viajeros, los cuales debemos utilizar con precauciones, ya que en muchos casos respondieron a intereses particulares; "...es raro ver en Buenos Aires, una persona con marcas de viruela, la vacuna es universalmente practicada, y hay pocas personas deformes...", "...la esclavitud fue abolida en 1810. Es conocida la humanidad de los españoles hacia sus esclavos, en Buenos Aires, son muy bien tratados y los esclavos parecen felices y agradecidos..." (43)

También podemos incluir las ordenanzas para el régimen de policía, y los informes carcelarios según las certificaciones médicas. De ellas se desprende que las afecciones que aquejaban a los detenidos son generalmente pulmonares o estomacales, con predominancia de la tuberculosis (44).

No solo a estos, la tuberculosis atacaba, era una patología frecuente en el Río de la Plata, las malas condiciones de higiene, el clima húmedo y frío, la deficiente alimentación de los grupos más bajos de la población, los predisponía a la infección(45)
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La creación de un sentimiento de identidad y de comunidad entre los esclavos africanos del Río de la Plata no fue suficiente para su supervivencia como sociedad y como grupo. Establecieron familias, educaron a sus hijos y tuvieron sus creencias.

Sin embargo, éstas estaban en buena parte bajo el imperio de otros. Sus ocupaciones, definidas por los amos, no estaban organizadas en general, como entre las demás clases trabajadoras. Incluso su comportamiento social, si chocaba con el dominio o con las normas consideradas aceptables por los blancos, era sometido a constreñimientos. Además, la violencia física, inherente a un régimen que tenía al esclavo por bien mueble, generaba un nivel de miedo y de indefensión sin paralelo en Buenos Aires con otras formas de relaciones laborales o de clase. Esta violencia provenía de arriba, y poco podía hacer el esclavo para contenerla o modificarla. Hasta su bienestar físico y material estaban a merced del amo y supeditados a circunstancias fuera de su alcance.

No solamente sufrían las quemaduras de las "marcas" sino también aquéllas que los amos infligían como castigo, especialmente a los negros cimarrones. Había un hábito penal digno de figurar en la antología universal de la infamia, que era llamada "lardear" o "pringar". Consistía sencillamente en atar a un esclavo boca arriba y derramarle grasa o brea hirviendo sobre el vientre y los genitales.

También se utilizaba como castigo: introduciendo pólvora por el ano del esclavo en cantidad suficiente, aplicaban una mecha y la encendían. A este pasatiempo lo llamaban con sencillez (quemar un poco de pólvora en el culo de un negro) (46)
.
Estos actos vandálicos producen lesiones graves que son la puerta de entrada a gérmenes que terminan con la vida del esclavo.

Dentro de las fuentes a utilizar, los archivos hospitalarios, aparecen como documentos de interés para el análisis epidemiológico. Este tipo de documentación, presenta, entre otras dificultades, el hecho de que no nos informa de la población sino únicamente de aquellos que eran atendidos en estos centros.

Buenos Aires contaba hasta mediados de la década de 1820 con tres hospitales. Dos de varones, Santa Catalina y La Residencia, y uno de mujeres, San Miguel, perteneciente a la Hermandad de la Caridad.

Tomados los registros hospitalarios entre 1822 y 1825, llama la atención la baja proporción de esclavos; aunque no hay datos sobre mujeres esclavas, parece deducirse del corto número de los esclavos varones que tampoco estos concurrían al hospital 5,37 por ciento, sino que eran atendidos en las casas por los médicos de la familia. Habría sido corriente en algunos sectores la asistencia particular realizada en el domicilio y denominada, en forma general, con el nombre de visita(47) .

Durante los años de las grandes epidemias, 1823, 1824 y 1829, no aumenta la cantidad de negros que ingresan a los hospitales, es posible que los casos epidémicos no se internaran. Por el contrario se los aisló en barracas(48) .

CONCLUSIONES
Hace algún tiempo, los historiadores y demógrafos se han dejado fascinar por las espectaculares devastaciones de las pestes y han descuidado el impacto de otras enfermedades. Por otra, se destaca el hecho de que hasta una época muy reciente, la historia de las enfermedades ha sido estudiada casi exclusivamente de forma analítica, es decir, examinando separadamente la historia de las enfermedades aisladas o de los grupos de enfermedades afines.

A pesar de la falta de ideas nosológicas claras, a pesar de la ausencia de nociones correctas acerca de la especificidad etiológica de las diversas enfermedades, a pesar de la confusión constante entre la enfermedad y la sintomatología y entre la infección y el contacto, a pesar de los erróneos paradigmas miasmático y humoral, los médicos del Río de la Plata, autores de los informes que he citado aquí con anterioridad facilitaron descripciones que, aunque en diversos puntos nos dejan perplejos, en conjunto permiten identificar con aproximación el cuadro general de la morbilidad infecciosa que afecto a los negros en los siglos XVIII y XIX, en el Río de la Plata.

Pero, como era de esperar en una sociedad preindustrial, el cuadro general manifiesta el firme predominio de enfermedades infecciosas, en particular las infecciones gastrointestinales, la lepra, tuberculosis, sífilis y cólera. Dichas enfermedades estaban presentes en estado endémico y, de cuando en cuando, producían focos epidémicos, que golpeaban a todos los grupos sociales.

Las epidemias a las que he hecho alusión estuvieron acompañadas por focos epidémicos de otras enfermedades como la viruela, la otitis, la parotiditis y difteria.

Las enfermedades no se desarrollaron en el vacío. Sería un grave error limitarse a una concepción etiológica de las enfermedades centrada exclusivamente en la acción de los microbios y de los virus. Estos son actores de primera importancia en el cuadro patológico. Pero los estudios epidemiológicos han hecho que seamos cada vez más conscientes del papel y de la importancia de los factores ambientales y socioeconómicos en la etiología, en la incidencia y en el predominio de las enfermedades.

El hecho de que ciertas edades y ciertas etnias como la negra, hayan sido asoladas por el predominio de determinadas patologías, es un hecho comprobado y significativo. Las condiciones sociales, económicas y ambientales contribuyeron poderosamente a determinar el cuadro de la morbilidad en este grupo social.

¿Cuál fue el impacto de las enfermedades infecciosas en la comunidad negra del Río de la Plata?
La alta tasa de mortalidad se debe, no a motivos raciales, sino a motivos sociales y a la misma condición de esclavitud. Que facilitaban el contraer estas pestes a causa de la depresión, la debilidad y el cansancio de los esclavizados en el trayecto desde sus lugares de origen hasta los puntos de embarque y durante la travesía por mar y las condiciones de vida y de trabajo en el Río de la Plata.


(*) Profesor y Licenciado en Historia (UNLU). Conferencista. Titular de la cátedra Historia Argentina y Americana I del Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche.



 
(1) Mckeown, Thomas, Los orígenes de las enfermedades humanas. Barcelona. Ed. Critica.1990.
(2) Sutcliffe, Jenny, Historia de la Medicina. Barcelona, España. Ed. Blume. 1993. ..."manifiesta que muchos médicos y científicos, que descartaban las teorías y (tratamientos) del pasado, se aferraban ciegamente a cualquiera de las nuevas teorías que pudiera explicar todos los nuevos descubrimientos referentes al cuerpo humano. Un grupo, con influencias yatroquimicas:Van Helmont; Siluius; Stahl; Hoffmann y Brown, entre ellos creían en la fuerza vital interior, la cual se podía equilibrar químicamente, o mediante el incremento o la disminución del estímulo. Otros, los yatrofísicos, inspirados por Descartes, comparaban el cuerpo humano con una máquina".....
(3) Bernabeu Mestre, Josep, Enfermedad y población. Introducción a los problemas y métodos de la epidemiología histórica. Valencia. Seminari di Estudis sobre la Ciencia, 1995.
(4) Goldberg, Marta y Silvia, Mallo: Enfermedades y epidemias de los esclavos. Buenos Aires.Todo es Historia, N° 393, Abril del 2000.
(5) Bernabeu Mestre, Josep, op. cit. pág. 51.
(6) Guillot, Carlos Federico, Historia de las dermatosis africanas en el Nuevo Mundo. Buenos Aires. Editorial El Ateneo, 1950. Manifiesta que "Cuando una raza penetra, aunque sea pacíficamente, en la masa de otra muy alejada histórica y filogenéticamente, se produce un fenómeno, que podría llamarse con una expresión que creo feliz, "ósmosis patológica": cada raza trasmite a la otra sus morbos peculiares. La carga negativa de la raza se pierde en estos casos en los que existe real disposición para producir determinadas respuestas biológicas".
(7) Romero, José Luis, Latinoamérica: las ciudades y las ideas. Buenos Aires. Ed. Siglo XXI. 1984.
(8) Moreno, José Luis, La Estructura Social y Demográfica de la Ciudad de Buenos Aires en el Año 1778. En: Anuario de Estudios Históricos, 8. Rosario, UNL, 1965.
(9) Cicerchia, Ricardo, Historia de la vida privada en la Argentina. Buenos Aires. Ed. Troquel, 1998.
(10) Studer, Elena, La trata de negros en el Río de la Plata, durante el siglo XVIII. Buenos Aires. Libros de Hispanoamérica. 1984. Caso de El Joaquín, entre págs.: 309 y 314.
(11) Por este medio tan suave de la hoguera o gas mefítico.
(12) Archivo General de la Nación de la República Argentina, en adelante AGN. Buenos Aires. División Colonia, Sección Gobierno. Tribunales, leg. N° 63 exp. 4, fs. 154 a 224. 14 de junio de 1804.
(13) Idem fs. 216. El informe del doctor José Red Head fs.194-195, el del doctor José Guezzi, fs. 197-205, el del licenciado José Alberto Capdevila, fs. 211-213.
(14) Goldberg, Marta y Mallo, Sivia, op. cit. págs. 62-64.
(15) En 1799 el Consulado tomó a su cargo la construcción de galpones con las comodidades necesarias para alojar negros, en el paraje de Quilmes. El 27 de marzo el virrey Avilés aplaudió esa iniciativa y dispuso que cuando terminaran su erección, fijaran el precio de pensión que deberían pagar los comerciantes de esclavos (Ibíd), hacienda, 1798, Leg N° 86, exp. 2232, "Arribo de la Zumea". Na. Sa. De Aránzazu", Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, en adelante Acuerdos. Buenos Aires., Diciembre 1798. Tomado de Elena F. S. de Studer, op.cit. pág.: 327.
(16) Unidad española de medida, que equivalía a una cuarta parte de una vara castellana, o sea 21 cm., es decir aproximadamente el largo de la mano de un hombre abierta y extendida desde el extremo del pulgar hasta el meñique.
(17) Palermo Epifanio, Historia Social de la medicina. Buenos Aires. Ed. Dirple, pág.: 201. 1996.
(18) Guillot, Carlos F. Op. cit. págs. 23-78.
(19) Prignano, Angel, O. Basuras, roñas y otras fetideces. Buenos Aires. Todo es historia, N° 387. Octubre de 1999. Pág.: 72-73.
(20) Discutido personaje, según referencias del marino José de Espinosa, no es otro que el mismo don Alonso Carrió de la Vandera
(21) Concolocorvo. El Lazarillo de Ciegos Caminantes. Buenos Aires. Ed. Emece. Pág.: 38. 1997.
(22) Un ingles. Cinco Años en Buenos Aires, 1820-1825. Buenos Aires. Ed. Hyspamérica, 1986. N° 52. Pág.: 14-15
(23) Busaniche, José Luis. Estampas del Pasado. Buenos Aires. Ed. Hyspamérica, 1986. N° 38. Pág.: 107.
(24) Besio Moreno, N. Buenos Aires, puerto del Río de la Plata, capital de la Argentina. Estudio crítico de su población, 1536-1936. Buenos Aires, Talleres Gráficos Tuduri.1939.
(25) Besio Moreno, N. "Historia de las epidemias de Buenos Aires", en Publicaciones de la Cátedra de Historia de la Medicina, tomo III, Buenos Aires, 1940, Pág.: 83-178.
(26) Klein, Herbert. La esclavitud africana en América Latina y el Caribe. Madrid. Alianza Editorial, 1986. Pág.: 105
(27) Goldberg, Marta y Mallo Silvia. Op, cit. Pág.: 64.
(28) Cowen, Pablo, La muerte niña. Patologías de la primera infancia en Buenos Aires. Fines del siglo XVIII y primeras décadas del siglo XIX. Buenos Aires. Anuario del Instituto de Historia Argentina, n° 1, 2000.
(29) Woodbine Parish, Buenos Aires y las Provincias del Río de la Plata desde su descubrimiento y conquista por los españoles. Buenos Aires, Hachette, 1958, Pág.: 181 y 195. Tomado de Goldberg Marta y Mallo Silvia, op.cit, pág.: 64
(30) Besio Moreno, Nicolás, op, cit, pág.: 122.
(31) Alferecía: Enfermedad caracterizada por convulsiones y pérdida del conocimiento, más frecuente en la infancia, e identificada a veces con la epilepsia. Diccionario de la Real Academia Española, Vigésima Primera edición. Tomo I, Madrid, 1992.
(32) AGN. IX 11-7-8. Buenos Aires, 5 de julio de 1800.
(33) AGN. Leyes y Decretos. Sesión del 4 de agosto de 1813, t. I, pág. 211.
(34) Idem, 28 de octubre de 1816, pág. 353.
(35) Garcia Belsunce César, 1800-1830, Salud y Delito. Buenos Aires. Ed. Emece Distribuidora, 1977, Tomo II, pág. 117. El informe se realiza durante la reorganización del Protomedicato, "Las enfermedades más comunes eran los dolores espúreos de costado y pulmones, las fiebres catarrales y reumáticas, las fluxiones sin calentura (hinchazón sin fiebre), las parálisis, las apoplejías serosas, dolores gálicos, la tisis, producida como es de imaginarse por los enfriamientos repentinos y las fiebres intestinales causadas por el agua del Río de la Plata. La gota y las enfermedades del hígado son raras. Debe entenderse que estas observaciones se refieren a la ciudad".
(36) Cardoso, Ciro y Pérez Brignoli, Hector, Los métodos de la historia. Introducción a los problemas, métodos y técnicas de la historia demográfica, económica y social. Barcelona, (37) Editorial Crítica, 1981, pág.: 105-110.
(38) Bernabeu Mestre, J. Op. cit, pág.: 35.
Archivo Historico de la Provincia de uenos Aires (En adelante AHPBA). 5-1-1-16, 1785: Mulatillo de 11 o 12 años con inflamación de hígado. Certificado médico en gallego firmado por Francisco Martínez... no obstante mi exacta asistencia el fin fue funesto pues no quiso ceder la enfermedad a la virtud de los medicamentos y falleció en cuja, le hice la disección anatómica para me enterar de la causa esencial de esta enfermedad y encontré que esta había perdido de una obstrucción cirroza de la misma víscera del páncreas, bazo mesenterio y aún el redaño (epiplón mayor) en parte, cuya obstrucción por su dureza y por sus cualidades mostraba ser bastante antigua en las vísceras que ocupaba mortal de necesidad.
(39) Laplantine, Francois, Antropología de la enfermedad. Buenos Aires, Ediciones del Sol, 1999.
(40) Acuerdos, Serie IV, Tomo I, 1 de diciembre de 1802, pág. 182.
(41) AHPBA, 5-1-1-12, 1799: "Redihibitoria devolviendo una negra por ser enferma del vientre, enfermedad que debe crecerle con la edad, se embriaga y es característica por su fiereza de genio. Tiene el mal de orina por el que se ve obligada a orinar a menudo con fuerte ardor en la vulva y dificultad en espeler la orina. La adquirió en ocasión del último parto al tomar frío y mojarse en el río cuando aún tenía la purgación (punción). Peligrosa enfermedad causada en una mojadura que sufrió yando a lavar recién parida lo cual le ocasionó la suspensión del menstruo de donde le provino y se le arraigó la enfermedad". Tomado de M. Goldberg. Op, cit, pág. 14
(42) AGN. División Colonia Tr. Adm. Leg 9-37-4-1, 1799: "El esclavo Felix Basabilvaso solicita a la testamentaría de su amo la libertad que se le prometiera cuando se contagio de tisis al cuidad al hijo de su amo". Leg. 32, 9-23-8-6, Exp. 1097, 1817. "La esclava Marta, picada de calentura hética (tisis), flaca, consumida y con una tos seca y habitual pide su libertad porque llevaba a pesar de sus achaques el peso del servicio de la casa pues lavaba, planchaba y a veces cocinaba... recibió latigazos y encierros". Idem.
(43) Un Ingles. Op. cit. pp..: 67, 78 y 79.
(44) AHPBA. Real Audiencia. 5-2-29-9, 1815. "Josefa, parda mulata de 18 años sufre y padece de tisis pulmonar. AHPBA: Real Audiencia. 5-3-34-9, 1793. Peón esclavo, su amo gasta desde julio a octubre por la enfermedad del pecho. AHPBA. Real Audiencia, 1811, traen al hijo de una esclava de cinco años desde Montevideo, enfermo de los pulmones y no se lo dejan ver. AHPBA. 5-4-60-9, 1802, negra esclava que sufre de tos maligna con esputos de sangre (por un golpe que ha recibido)".
(45) Un Inglés. Op, cit, pág.: 14. "el clima es en general bueno, la sanidad es pobre, los enfermos del pulmón no deben venir acá...". Concolorcorvo. Op. cit., pág.: 46. "...el frío ataca el pecho..."
(46) Palermo, Epifanio. Op, cit. Pág.: 202.
(47) Garcia Belsunce. Op. cit. Pág.: 88.
(48) AGN. X 32-11-3, libro 28, doc. 212 y 214. 1829.


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