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DEPARTAMENTO DE INVESTIGACIÓN HISTÓRICA
LA ORGANIZACIÓN HOSPITALARIA EN TIEMPOS DEL PROTOMEDICATO, BUENOS AIRES
Por Jorge Alberto Requejo *
El virreinato del Río de la Plata tuvo una trascendencia en nuestra historia colonial, por su acción constructiva y por el fermento que dejó en el país.
Durante el transcurso de sus 34 años, se implantaron instituciones que sobrevivieron mucho después de la revolución; así la Aduana, el Consulado, las Intendencias, gravitaron indiscutiblemente en nuestra vida independiente. (1)
Eso mismo ocurrió con los problemas sanitarios. El Protomedicato, creado por Vértiz en 1798, continuó su acción de gobierno sanitario después de 1810, hasta que fue suplantado por el tribunal de medicina y el consejo de higiene. (2)
En la organización sanitaria de Buenos Aires durante el virreinato, es menester distinguir la obra hospitalaria.
En su comienzo, los hospitales no tuvieron la finalidad que los caracteriza actualmente. Si bien en la mayor parte de los casos se practicó la asistencia de los enfermos, tanto la protección de los pobres como el aislamiento de los que padecían enfermedades desestimadas por la sociedad, también fueron sus objetivos.(3) Tal vez haya sido el lazareto, por sus características, la institución que mejor representaba al hospital en su matiz de asistencia interna.
Creado por la caridad pública o privada, la curación de los menesterosos estuvo siempre presente.
En los siglos XVII y XVIII, los hospitales constituían prácticamente albergues destinados a aislar a los enfermos contagiosos, a los dementes y a los indigentes. Las medidas que se adoptaban en salvaguarda de la salud de la población eran escasas y habitualmente conllevaban un fin utilitario, tal como el que se impondría posteriormente en los inicios de la Revolución Industrial, cuando el valor de la salud de un hombre devengaba en horas productivas de trabajo.
El establecimiento de las instituciones médicas de España en América tras la Conquista, coincidió con el periodo más brillante de la medicina española. Debido a su vigor inicial, el Nuevo Mundo no sufrió tanto el colapso científico de España durante el siglo XVII; antes bien, las fundaciones hospitalarias, la enseñanza médica y la práctica médica, continuaron floreciendo hasta alcanzar su más alto nivel durante el reinado de Carlos III, a finales del siglo XVIII. (4)
En época de la dominación hispánica, los enfermos eran tratados de sus enfermedades y curaban o morían en sus propios domicilios. Los partos, con muchos peligros para la parturienta y los neonatos, eran patrimonio casero de las comadronas. Con estas consideraciones, toda empresa destinada a la salud social debe ser tenida en cuenta y constituye un atisbo de lo organizado con posterioridad.
El intercambio de enfermedades entre españoles y americanos, apenas concluida la Conquista, encontró una fórmula salvadora en las ideas cristianas de la caridad. La fundación de hospitales se debió, en unos casos, a donaciones particulares; en otros, a la acción del Cabildo o la Audiencia; los de mayor importancia fueron fundaciones reales; pero los más numerosos tuvieron un origen religioso.
Los erigidos por el obispado fueron anexos a las catedrales, mientras que los creados por las órdenes hospitalarias españolas de la Caridad de San Juan de Dios, los Betlemitas y los Hipólitos, tuvieron una proyección continental y destacaron por la excelencia de sus servicios.
En la vida de las ciudades y villas, de todo se ocupaba el Cabildo. Todo el movimiento de la comunidad pasaba sobre él. Mientras Buenos Aires, no contó con Protomedicato, el Cabildo intervenía directamente en los trámites necesarios para dar validez a los títulos y antecedentes, presentados por médicos, cirujanos, boticarios, sangradores y permitir la instalación de estos. (5)
Montevideo, que estuvo escasamente poblado al comienzo de la colonia, abrió el Hospital de San Francisco en 1743 y el Asilo de la Caridad en 1787. En cambio, Asunción tuvo hospital desde 1556 y fueron importantes las enfermerías y hospitales jesuíticos en las Misiones del Paraguay.
El Alto Perú registra el Hospital de Santa Bárbara en Chuquisaca, erigido en 1567, y el de La Paz en 1586. La Capitanía General de Chile estuvo en constante conflicto con los araucanos; aun así, se abrió en 1553 en Santiago el Hospital de Nuestra Señora del Socorro, luego llamado de San Juan de Dios. En Concepción se fundó otro de San Juan de Dios en 1552 y el de San Julián en 1557. (6)
En el Río de la Plata el primer hospital se abrió en Córdoba, en 1576, bajo la advocación de Santa Eulalia; en 1583 se fundó otro en Santiago del Estero; en 1605 se reconstruyó en Buenos Aires el de San Martín, que en 1726 pasó a ser atendido por la Orden Bethlemítica. (7)
Buenos Aires había sufrido en poco menos de diez años el azote de dos epidemias, las de 1718 y 1729, que en su trágico saldo de víctimas, habían devuelto a la ciudad y sus autoridades la conciencia de la extrema precariedad de sus instalaciones sanitarias. (8)
Las tramitaciones y consultas promovidas en torno a la asignación del hospital a los Betlemitas demoraron la entrega, empero, veinte años. En 1741 la Corona expide una Real Cédula en la que recaba al gobernador de Buenos Aires informes sobre la conveniencia de confiar el hospital porteño a la Orden. (9)
En 1743, el Cabildo reitera su pedido de llamar a los Betlemitas y peticiona al Rey en tal sentido. (10) Dos años más tarde el Obispo y los prelados de las órdenes religiosas en la ciudad se expiden favorablemente. (11)
Entretanto ya iba creciendo Buenos Aires y habían llegado a ella auténticos facultativos cuyos nombres, a partir del de don Manuel Álvarez, el primer médico, establecido en 1601, se consignan en numerosas obras, algunas clásicas como las crónicas de Wilde y los ensayos historiográficos como los de R. P. Guillermo Furlong S. J. que sintetizan los datos de las mejores fuentes. (12)
Hubo más tarde cirujanos, catedráticos y farmacéuticos, aunque, en general Buenos Aires fue una ciudad atrasada en materia hospitalaria, en relación con Lima y otras hispanas de América. Extrañaba a las autoridades españolas el poco esfuerzo que al parecer se hacía por mantener hospitales que funcionarán regularmente. Según el padre Furlong y sus fuentes, dos serían las razones principales de ese abandono: la primera que la salud era general por el régimen de vida, la alimentación sana, la vivienda aireada, la abundancia de árboles y plantas y la acción del pampero que, según se decía, podía contrarrestar con éxito la falta de higiene; la segunda, la aversión de los porteños por los hospitales, ya que, como lo expresa el obispo San Alberto, las gentes de entonces no simpatizaban con la idea de llevar sus enfermos a los hospitales y hasta recibían complacidos en sus casas a enfermos extraños antes que verlos ir a un hospital. (13)
Por lo tanto, hasta la creación del Protomedicato del Río de la Plata, los hospitales sostenidos por los Betlehemitas y por la Hermandad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo (Hospital de Mujeres) (14) fueron la única expresión de una asistencia pública organizada. No se conoció con anterioridad un aporte asistencial institucionalizado, ni el ejercicio de la profesión médica sustentada sobre bases científicas, tampoco la contribución normativa y reglamentada por parte del Estado español, ni el ejercicio de la función de policía sanitaria en forma sistemática y permanente.
Si bien las Leyes de Indias consagraban para estos aspectos la institución del Protomedicato, éste nunca tuvo una presencia efectiva en el Virreinato del Río de la Plata, mientras se dependió de la jurisdicción del Tribunal de Lima.
Sólo existía en aquellos años la voluntad participativa y solidaria de un grupo reducido de vecinos, expresada en forma concreta y permanente en los hospitales, mientras paralelamente crecía en arraigo el curanderismo, facilitado por la credulidad supersticiosa que dominaba toda la vida colonial.
De hecho, no hubo enseñanza ni escuela de medicina. Desde Lima no se controlaron ni los títulos, ni las habilidades, ni las boticas y, excepcionalmente, intervino el Cabildo ante denuncias o hechos de suma gravedad; menos aún se contaba con disposiciones legales que protegieran a los pobladores de los abusos y crímenes derivados de estas carencias.
De manera que, la acción hospitalaria se manifestaba como la única forma de organización sanitaria y asistencia pública, que no sólo abarcaba la franja de enfermos muy pobres, indigentes, soldados y forasteros, fundamentalmente de quienes presentaban procesos agudos, crónicos, enfermedades mentales, o quienes requerían asistencia de primera sangre, sino que también recurrían a él las personas de mayor nivel socioeconómico, como lo prueba la existencia de cuartos para distinguidos en el Hospital de Santa Catalina.
Por Real Cédula del 23 de Septiembre de 1745, en San Ildefonso, el Rey concede su licencia para que el Hospital San Martín, que estaba destinado a los militares, se organice nuevamente como un hospital general a cargo de la Orden Bethemita sin otras rentas y recursos financieros de la Real Hacienda que las ya asignadas dotaciones que la Corona consideraba suficientes para atender las necesidades del nuevo hospital general. Disponíase que los Betlemitas no podrían fundar otro hospital. (15)
Al respecto señala García Belsunce (16), al hablar de las rentas hospitalarias, "que no hubo diferencias en este campo, entre los hospitales de hombres y de mujeres en todos ellos el régimen fue similar. Las diferencias se establecían a nivel de las personas, pagaban hospitalidades quienes tenían recursos y los amos que internaban a sus esclavos, la de los militares eran pagadas por el gobierno descontándoles parte de su sueldo".
En junio de 1748 los Betlemítas se encontraban en Buenos Aires y en los primeros días de Noviembre ese año tomaron posesión del hospital San Martín. (17)
La importancia de estos establecimientos asistenciales se acrecienta al comparárselos con el primitivo estado de evolución de la profesión médica y de las costumbres, usos y creencias que predominaban en la capital, en las ciudades y en la campaña. Faltaban profesionales graduados, con auténticos conocimientos y títulos habilitantes.
Los honorarios un tanto altos, favorecían la proliferación del curanderismo, a lo que debemos agregar el espíritu supersticioso de una población aislada, en la que interactuaban permanentemente las costumbres y creencias de los indios, junto con las más diversas hechicerías. (18)
Daniel Granada, refiere que a las cárceles de la inquisición fueron a dar muchos sujetos que hoy hubieran podido presentarse en el escenario de un teatro como magnetizadores o fakires. También hubo mujeres que hacían milagros, recibían favores del cielo, tenían visiones y revelaciones, sabían lo que pasaba de puertas adentro, adivinaban, predecían y curaban, dando frecuentes consejos para que sanaran los enfermos. Eran las “alumbradas”. (19)
Por otra parte, en Buenos Aires, algunas de las prácticas médicas, autorizadas por el Cabildo eran ejercidas legalmente por los barberos: sangrar, afeitar, echar ventosas y sacar muelas.
Los hospitales por el contrario, a pesar de la aprensión que causaban, eran asumidos y aceptados como refugio ante heridas graves o procesos agudos.
Allí se atendía gratuitamente al indigente y se cobraba al resto de la población según su grupo social. La medicina que se brindaba era igualitaria pero variaban las hospitalidades o estancias es decir, el arancel que se pagaba, según se tratara de esclavos, soldados, oficiales, etc.
Esta estrategia jerarquizaba el rol de los hospitales, abrumándolos de pacientes y obligándolos a profundizar sus servicios, ampliar el número de camas y separar las enfermedades según sus características. De esta forma se transformaron en una base asistencial imprescindible para el futuro.
Sólo cuando es minada su base solidaria a causa de la guerra de la Independencia y se les quitan sus fuentes de financiamiento y su estructura administrativa sufren su más profundo resquebrajamiento, degradando en consecuencia la atención del enfermo.
Muy por el contrario, cuando se motivó el control, la administración y el manejo comunitario de los recursos, la participación de entidades intermedias particulares imbuidas de una clara responsabilidad social, alcanzaron su nivel óptimo de funcionamiento.
Así vimos como los hospitales fueron poco menos que inútiles hasta que se hicieron cargo de ellos los padres betlehemitas y, cómo a partir de la Hermandad de la Santa Caridad, se presta una atención hospitalaria eficiente de la que antes se había carecido: el hospital de mujeres.
La excelencia de estas organizaciones solidarias y la conveniencia fue una convicción tanto de Gorman y de Vértiz, como de los vecinos y de los médicos que se desempeñaron en estos establecimientos.
Gorman se preocupó asimismo como director general de todos los hospitales de proporcionar en forma efectiva y eficiente los insumos, tanto de medicamentos como de utensilios, vajilla, etc. Destacándose en el primero de estos aspectos, medicamentos por la adquisición directa desde España, y unificada para todos los establecimientos del Virreinato. También aportó una mayor calidad asistencial, reforzó la ampliación del número de camas y la división de los enfermos (contagiosos, alienados, crónicos, agudos y hasta estableció un médico de guardia). (20)
La dirección general de Gorman en ningún momento significó suplantar la dirección y administración particular de los hospitales, por el contrario, toda la gestión de éste, se encaminó a fortalecer la participación de las organizaciones solidarias (Hermandad de la Santa Caridad y Hermandad Bethlemítica), pero estableciendo normas generales que apuntaron a mejorar, ordenar, e integrar su funcionamiento en beneficio de la población. (21)
Así fue como virrey y protomédico impulsaron la reivindicación de los betlemitas para establecer un nuevo hospital en la Residencia, perjudicada por interminables expedientes de la burocracia colonial, y se valieron de los hombres de la Hermandad de la Santa Caridad, para mantener en forma útil y accesible a la población el Colegio de Huérfanas, el Hospital de Mujeres y el Hospital de Expósitos. (22)
El 7 de agosto de 1779 se funda la Casa de Niños Expósitos, bajo la administración del virrey Vértiz (23), tercer hospital de Buenos Aires específicamente destinado a socorrer niños abandonados, y especialmente a los recién nacidos en riesgo de muerte (24).
Tenía esta casa la peculiaridad de ser un hospital donde se les proporcionaba la medicina imprescindible: ser amamantados por amas de leche, y era al mismo tiempo una institución destinada a la prevención del infanticidio (25).
El prestigio de la Casa de Expósitos no aminoró en el decurso del siglo XIX, aunque primero las Invasiones Inglesas y después los sucesos de 1810, con las guerras de Independencia, la privaron de los necesarios recursos.
Para los tocados del mal de San Lázaro estableció, de acuerdo con el Cabildo, de fecha 19 de febrero de 1793, una leprosería en el fuerte de San Juan Bautista a la orilla del Río Salado, en la provincia de Santa Fe.
Se hace necesario, el encuentro entre hospitales coloniales y el Protomedicato. Los profesores Cosme Argerich y Fabre eran quienes se desempeñaban como médicos del Hospital de los Bethlemitas y del Hospital de Mujeres, cuando se fundó en 1802 la primera escuela de medicina, pasando a ser estos establecimientos los primeros hospitales escuela donde se formaban nuestros médicos (26).
Por otro lado los combates ocurridos en Buenos Aires, con motivo de las invasiones inglesas de 1806-1807, aumentaron de una manera enorme el número de enfermos, creándose al efecto hospitales transitorios para atenderlos, pero ningún establecimiento sobrevivió a estos acontecimientos.
El Cabildo, en su Acuerdo del 16 de Agosto de 1806, referente a este período crítico, ha dejado consignado lo siguiente:
Se trató sobre la necesidad que había que atender el cuidado y asistencia de los que fueren heridos en el combate, y los S.S. acordaron que el Señor Don Santos Inchaurregui con el Escribano de este I.C. pasen al Hospital de Belén y allí dispongan con el Padre Presidente la mejor asistencia de los que habían sido conducidos a dicho hospital, acordando el modo y términos en que esto deba, que el propio tiempo le prevengan, preparen un hospital separado en las casas de Oruro para los enemigos heridos, corriendo con toda asistencia por cuenta de este... habiendo hecho presente el que hace cabeza del cuerpo de voluntarios patriotas, la unión, haber dispuesto en una de las Casas de la Hermandad de la Caridad un hospital para los que de su cuerpo fueron heridos en la acción del día 19... (27)
Los protomédicos inspeccionaron los hospitales y todas las casas particulares que atendían heridos, a fin de inquirir de los mismos enfermos respecto de la regularidad de su asistencia, con el encargo de comunicar, en cualquier caso, todo lo necesario para la mejor atención de los enfermos y heridos. (28)
El Protomedicato y la administración de los hospitales trascendieron el período colonial y la Revolución de Mayo, para servir finalmente de base a las estructuras sanitarias surgidas con la organización nacional.
Este se había instituido en el Río de la Plata con total independencia del de Perú y aún del de la propia España, justificando Vértiz ese punto de vista, que luego se confirmo en la práctica, nada menos que con el argumento de que si a mil leguas desde Lima no se podía manejar la salud menos era posible controlarla desde España; iniciativa que, si se extendía a otros aspectos administrativos, configuraba por lo menos un planteo autonomista.
La instauración del Protomedicato es por lo tanto uno de los primeros antecedentes, si no el primero, de una estructura administrativa oficial autónoma en tiempos de la colonia.

(*) Profesor y Licenciado en Historia (UNLU). Conferencista. Titular de la cátedra Historia Argentina y Americana I del Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche.

 
(1) Ravignani, Emilio, "El virreinato del Río de la Plata” (1776-1810), en "Historia de la Nación Argentina" (Desde sus orígenes hasta la organización definitiva en 1862). Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia, vol. IV. Primera sección, pág. 325, 1961.
(2) Beltrán, Juan Ramón, "Historia del Protomedicato de Buenos Aires". Buenos Aires. Editorial El Ateneo, 316 páginas, 1937.
(3) Ingenieros, José, "Locura en la Argentina". Buenos Aires. Cooperativa Editorial "Buenos Aires". 1920.
(4) Lanning Tate, John, "El Real Protomedicato. La reglamentación de la profesión médica en el Imperio español". México. Universidad Nacional Autónoma. Facultad de Medicina, Escuela de Historia. 1997.
(5) Cignoli, Francisco, "La medicina y los médicos en los albores de la argentinidad". Rosario. Revista del Colegio de Farmacéuticos nacionales de Rosario, año XVI, vol. 16, N° 2, junio de 1949, pág. 62-75.
(6) Mayo, Carlos, "La distribución de los Hospitales en Hispanoamérica a principios del siglo XVII". Buenos Aires. La Semana Médica, año LXXXVII, N° 5.130, agosto de 1980, pág. 80.
(7) Según Francisco Guerra, tomado de Lain Entralgo Pedro, "Historia Universal de la Medicina". Barcelona, Salvat Editores, tomo IV, págs. 346-355. El primer intento conocido de llamar a los Betlemitas para hacerse cargo del precario Hospital San Martín de Buenos Aires data de 1726; el Alférez Real González Marín propone en el Cabildo porteño que aquél fuera puesto bajo la dirección de la Orden fundada en Guatemala. En, Archivo General de la Nación. Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires. Serie II, Tomo V, págs. 576-579.
(8) Besio Moreno, Nicolás, "Historia de las epidemias de Buenos Aires". Buenos Aires. Publicación de la Cátedra de Historia de la Medicina. Universidad de Buenos Aires. Tomo 3, pág. 100 y ss. 1940.
(9) Molinari, José Luís, "Los Bethlemitas y su obra en el Hospital de Buenos Aires". Buenos Aires, Archiviam, tomo I, fascículo 2. 1943. Pág. 399.
(10) Ibid, pág. 389.
(11) Ibid, pág. 389.
(12) Furlong Guillermo, S. J. “Médicos Argentinos durante la dominación hispánica”. Buenos Aires, Editorial Huarpes, S. A.. 1946. Pág. 36.
(13) Furlong Guillermo, S .J. “Historia social y cultural del Río de la Plata”. Buenos Aires, Ed. Tea, 1969 (2 tomos).
(14) Su definitivo establecimiento data de 1774, según Molinari José Luís en: "Hospitales Coloniales. El Hospital de Mujeres". Buenos Aires. Estudios, tomo LV, N° 304, págs. 268-277. 1936.
(15) Archivo General de la Nación, División Colonial. Sala IX-7-7-5. Hospital Betlemítico.
(16) García Belsunce, Cesar, “Buenos Aires, Salud y Delito”. Buenos Aires, Emece Distribuidora, 1977.
(17) Molinari, "Los Betlemítas, etc", op. cit., página 393.
(18) Mariluz Urquijo, José M., "El Virreinato del Río de la Plata en la época del Marqués de Avilés (1799-1801)". Buenos Aires. Editorial Plus Ultra, pág. 565. 1987.
(19) Granada Daniel, “Reseña histórico descriptiva de antiguas y modernas supersticiones del Río de la Plata”. Buenos Aires, Ed. Guillermo Kraft, 1959. Págs. 438.
(20) Beltrán, Juan Ramón, "Epistolario de Miguel Gorman". Buenos Aires. Publicación de la Cátedra de historia de la Medicina. Tomo II, Fascículo II, página 235. 1939.
(21) Beltrán, Juan, Ramón., "La organización sanitaria de Buenos Aires durante el virreinato del Río de la Plata, 1776-1810". Buenos Aires. Facultad de Ciencias Médicas, Cátedra de Historia de la Medicina de Buenos Aires, 1938.
(22) Furlong, Guillermo, "Los hospitales en la Argentina con anterioridad a 1850". Córdoba. Actas del II Congreso Nacional de Historia de la Medicina Argentina. Págs. 270-278. 1970.
(23) Vértiz, además de las rentas de las viviendas ubicadas frente a la Plaza Mayor, le adjudicó a la Casa de Niños Expósitos el producto de la primera imprenta especialmente establecida en Buenos Aires, haciendo traer de Córdoba una que perteneció a los jesuitas del Colegio de Monserrat, con cuyo establecimiento el progresista virrey dio a Buenos Aires la posibilidad de imprimir.
(24) El 7 de agosto de 1779 la Casa de Niños Expósitos abría sus puertas en el antiguo edificio de los padres jesuitas en la calle Potosí esquina Perú. En su entrada se colocó un torno y sobre él una inscripción que decía: "Mi padre y mi madre me arrojan de si. Y la piedad divina. Me recoge aquí."
(25) Coni, Emilio, "La asistencia de la infancia en la Capital de la República". Buenos Aires. 1 vol. Biblioteca de la Facultad de Medicina de Buenos Aires. Ub. 39572.
(26) De acuerdo a la división efectuada por José Luís Molinari, la primera de ellas, a la que podría denominarse del Protomedicato, abarca de 1780 a 1822. Es posible advertir dos períodos: 1801-1815, en el que la institución desenvuelve sus funciones pedagógicas, y el que va de 1815 a 1822, en el que actúa únicamente como Tribunal de Justicia, con todas las funciones inherentes a un cuerpo de esta categoría.
La segunda etapa a la que podría llamarse del Instituto Médico Militar, está caracterizada por el desplazamiento del Protomedicato de sus funciones pedagógicas, tarea que recaerá en aquél instituto.
Por último, la etapa universitaria, que se extiende desde las reformas de Rivadavia y la creación de la Universidad hasta 1852.
(27) Acuerdo del extinguido Cabildo de Buenos Aires del 16 de agosto de 1806.
Berruti, Rafael, "La asistencia médica durante las invasiones inglesas". Buenos Aires. La (28) Semana Médica. Tomo 151, N° 4, págs. 134-137. 1977.


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