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DEPARTAMENTO DE INVESTIGACIÓN HISTÓRICA
FUENTES PARA LA HISTORIA
Análisis de El Político de Platón
Por Maximiliano Molocznik (*)
 
Este texto fue escrito por Platón, casi con seguridad, después del Sofista y antes del Timeo y el Filebo. Uno de los analistas más reconocidos de la obra de Platón, J Skemp se basa en los acontecimientos de Sicilia para datar el diálogo después del segundo y antes del tercero de los viajes de Platón a la isla, es decir entre 366 a.c –362 a.c. Es un texto en el que se pueden ver pasajes de gran belleza poética intercalados con tediosos desarrollos. Sin embargo su lectura genera, para los apasionados de los clásicos, un encanto muy particular.

A pesar de que los críticos lo han desmembrado para un análisis más exhaustivo es importante destacar que no solo posee una fisonomía propia sino también una clara unidad estructural. No desarrolla un solo tema aunque el eje central es la política y la Ciencia Política siendo la relación política-método dialéctica uno de los tópicos principales y que se entrelazan a lo largo de toda la obra.

Extr: ¿Y entonces? ¿Acaso entre una casa muy grande y la masa de alguna ciudad muy pequeña hay alguna diferencia en lo que toca a su modo de gobernarse?.
J.Soc: Ninguna.
Extr: En consecuencia, a propósito de lo que ahora estamos examinando, es evidente que hay una única ciencia referida a todas estas cosas. Y, se la llama “real”, “política” o “administrativa” es eso algo que no tiene porque importarnos.
(Platón, “Político”, 492)

Relacionado directamente con el Sofista pretenden ser diferentes y sucesivos momentos de una conversación. Es comprensible que luego de las conclusiones a las que arriba, Platón no haya escrito sobre el filósofo.
Los personajes del diálogo son: Sócrates, quién apenas interviene en la presentación inicial, el matemático Teodoro que oficia también de interlocutor, el Extranjero de Elea que es el encargado de conducir la conversación. Aunque se mantiene mudo es importante mencionar a Teeteto quién fuera interlocutor en Teeteto y el Sofista. Completa el cuadro el joven Sócrates quién reemplaza a su condiscípulo.
Queda clara la intención del autor desde la introducción misma ya que el tema es fijado en estrecha relación con el desarrollado en el Sofista aunque se propone mostrarnos las inescindibilidad de la dialéctica y la política.
Es esencial el planteo dicotómico entre ciencia y arte que ya había utilizado en el Fedro y en el Sofista. El político es poseedor de un verdadero arte:

Extr: ¿Quieres entonces, que digamos que el rey se sitúa dentro del arte con mayor propiedad que dentro de la manual y, en general, de la práctica?.
J.Soc ¿Y cómo no?.
Extr: A la política y al político, al arte real y al hombre real, ¿a todo ello, lo reuniremos, como si se tratara de una unidad.
J.Soc: Evidente.
(Platón, “Político”, 493)
Para finalizar esta breve síntesis diremos que Platón realiza tanto consideraciones sobre la naturaleza del método como normas para hacer un empleo lícito y correcto del mismo. Es decir, ofrece una verdadera “lección de método” cuyo propósito principal es subrayar que la división para ser correcta debe respetar las articulaciones de la realidad. Sus observaciones están cargadas de una buena dosis de ironía dirigida, seguramente a los académicos que emplean con exceso este procedimiento.

1. Uso del método de división dicotómica, para llegar a la definición preliminar del político como pastor del rebaño humano.

Extr: Pero claro está que en el político no podemos descubrir un individuo dedicado a la crianza individual, a la manera de quién cuida un solo buey o ejercita su único caballo, sino que más se asemeja a un pastor de caballos o bueyes.
J. Soc.: Eso resulta, ahora que lo has dicho.
Extr: Ahora bien, de la crianza de los seres vivos, aquella que es crianza común de muchos animales de la misma especie en conjunto, ¿debemos darle el nombre de “crianza rebañega” o bien de “crianza colectiva”?.
J. Soc.: Cualquiera de esos dos, según aparezca en el curso de la conversación.
(Platón, “Político”, 497)

El joven Sócrates cree que esta definición representa el término de la empresa propuesta. Para el extranjero, sin embargo, es una noción demasiado amplia y general ya que involucra a una multitud de individuos dedicados a la tarea de la crianza del “rebaño humano”.El siguiente paso será entonces, separar al político de todos los demás pastores, poner en evidencia el error cometido en la definición inicial y corregirlo.

Extr: Y no cabe duda de que el rey, por su parte, se nos presenta con toda nitidez como pastor de un rebaño despojado de cuernos.
J. Soc.: ¿Cómo podría haber dudas?.
Extr: Fracturemos ahora ese rebaño e intentemos asignarle al rey lo que a él atañe Platón, “Político”, 506.
Extr: Vamos ya; recapitulemos, rehaciendo desde el principio al fin, eslabón por eslabón, la definición del nombre del arte del político.
J. Soc. : Perfectamente.
Extr: De la ciencia cognoscitiva, en efecto, habíamos hallado, para empezar, una parte directiva. A una de sus porciones la llamamos, recurriendo a una comparación, “autodirectiva”. A su vez, de la ciencia autodirectiva habíamos desgajado como uno de sus géneros y no, por cierto, el más pequeño, la crianza de seres vivos. De la ciencia de criar seres vivos, una especie es la crianza de rebaños, y de la crianza de rebaños, por su lado, una especie es el apacentamiento de pedestres. Del apacentamiento de pedestres quedó bien seccionada el arte de criar una raza sin cuernos. De ésta, a su vez, la parte que hay que separar debe hallarse atando no menos de tres cabos, caso de que se la quiera reunir en un solo nombre, denominándola “ciencia de apacentar una raza que no admite cruce”. Finalmente, el segmento que se separa de ésta, el arte de apacentar hombres, única parte que resta en el rebaño bípedo, es ésta precisamente la que estábamos buscando, a la que se ha llamado “real” y, simultáneamente, “política”.
J. Soc.: ¡Perfecto!
Extr: Pero, Sócrates, ¿realmente hemos hecho las cosas tan bien como tu acabas de decir?.
J Soc. : ¿Qué cosas?.
Extr: ¿Hemos expuesto de un modo plenamente satisfactorio el tema propuesto?. ¿O no crees que nuestro examen tiene un gran defecto, ya que si bien, en cierto modo, hemos presentado una definición, sin embargo no la hemos elaborado de un modo pleno y acabado? Platón, “Político”, 510-511.
Extr: Consideremos, pues, cuál es el rasgo distintivo de todos los pastores y cuál es el de los reyes.
J. Soc.: ¿Cuál es?.
Extr: Lo que se trata de saber es si entre los demás pastores hay alguno que, poseyendo el nombre de otra arte, afirme frente a alguien, y así se lo figure, que comparte en común con él la crianza del rebaño.
J. Soc.: ¿Qué quieres decir?
Extr: Los comerciantes, por ejemplo, los agricultores, los panaderos,
Todos ellos y, además de ellos, los maestros de gimnasia y el género de los médicos, ¿te das cuenta de que todos, sin excepción, vendrían a disputar y, con justa razón, a enfrentarse enérgicamente a esos pastores de asuntos humanos que llamamos políticos, alegando que, ellos mismos se preocupan por la crianza humana y, más aún, no solo en lo que toca a los hombres que forman los rebaños, sino también a los gobernantes mismos?.
Soc.: ¿Y no tendrían toda la razón al decirlo?
Extr: Tal vez. Es éste un punto que tendremos que examinar. Lo que sí sabemos, en cambio, es que a un boyero, nadie va a discutirle en lo que se refiere a ninguna de estas cosas, sino que todo el mundo le reconocerá que él es criador de su rebaño, él quién apacienta los bueyes, él su médico, él es, por así decirlo, quién concierta los matrimonios, y para el nacimiento de sus crías y el parto de sus madres, es el único entendido en el arte del alumbramiento. Además, sin duda alguna, en lo tocante a los juegos y la música-en la medida en que las crías tienen por su naturaleza parte en ellos- no hay mejor que él para confortarlas y amansarlas con ensalmos, ejecutando, con instrumentos o solo con su boca, la mejor música que conviene a su rebaño. Y, con seguridad, otro tanto sucede, asimismo, con los demás pastores. ¿No es así?.
J. Soc.: Tienes toda la razón.
Extr: ¿Cómo, entonces, podremos considerar correcta e intachable nuestra caracterización del rey, desde el momento en que, al considerarlo pastor y criador del rebaño humano, lo estamos escogiendo solo a él de entre otros innumerables pretendientes?
J, Soc.: De ningún modo.
Extr: ¿No eran así justificados nuestros temores, poco antes, cuando sospechábamos que, si bien habíamos logrado un esbozo del rey, no podíamos presentar con toda exactitud al político, hasta tanto no hubiéramos apartado a cuantos se agitan en su derredor y le disputan el arte de apacentar y, después de haberlo separado de ellos, pudiéramos presentarlo solo a él en su pureza?
J. Soc.: Si, es del todo acertado.
Extr: He aquí, pues, Sócrates, lo que debemos hacer, si no queremos que nuestro argumento, ya en la recta final, se nos eche a peder.
J. Soc.: ¡Eso sí que no debemos permitirlo!.
Extr: Así pues, dando marcha atrás y tomando otro punto de partida, debemos encaminarnos por alguna otra vía.
(Platón, “Político” 506-510-511)

2. Mito sobre la reversión periódica del universo y corrección de la definición inicial del político.

Se introduce este extenso y bello mito de una manera bastante abrupta a esta altura del diálogo aunque es notable como contrasta con el tecnicismo precedente:

Extr: Incorporemos en nuestra conversación algo que es casi un juego. En efecto, tendremos que servirnos de una buena parte de un extenso mito y, para lo que reste-como hicimos antes-, seguiremos aislando una parte de otra, hasta llegar por fin al fondo de la cuestión que estamos examinando. ¿No es eso lo que debemos hacer?
J. Soc: Sin duda alguna.
Extr: Presta, entonces, toda tu atención a mi mito, como los niños. Al fin de cuentas, dada tu edad, tan lejos no estás de los juegos infantiles.
J.Soc: Habla.
Extr: Se contaba, y se seguirá contando, entre las muchas leyendas de antaño, aquella del prodigio que tuvo lugar a propósito de la tan mentada disputa entre Atreo y Tiestes. Seguramente has oído hablar de ella y recuerdas lo que se dice que aconteció entonces.
J.Soc: Te refieres, tal vez, al presagio concerniente al carnero de oro
Extr: No; no a ése, sino a aquél otro relativo al cambio de la puesta y de la salida del sol y de los demás astros, ya que en el punto del que ahora salen antes se ponían, y salían precisamente por el lado opuesto. Fue con ocasión de esa disputa cuando el dios, para ofrecer una prueba a favor de Atreo, cambió su curso, llevándolo al presente estado.
J.Soc: Sí, también esto es lo que se cuenta.
(Platón, “Político”, 513)

Este mito de significación cosmológica presenta una concepción del universo emparentada con otro libro de Platón: El Timeo. En este y en aquél el tópico es convergente: el universo aparentemente se encuentra regido por dos fuerzas o dos tendencias que imperan alternativamente sin predominio completo de una sobre otra. En el primer período, dios conduce la marcha del universo y la inteligencia impone el orden sobre el elemento corpóreo. En el segundo período dios abandona el universo y la inclinación natural lo hace girar en sentido contrario. La tendencia disolvente lo arrastra hacia la región infinita de la desemejanza:

J.Soc: ¡Te has expresado de maravilla ¡Habla, pues, sin omitir nada!
Extr: Escúchame bien. En lo que toca a éste, nuestro universo, durante un cierto tiempo dios personalmente guía su marcha y conduce su revolución circular, mientras que, en otros momentos, lo deja librado a sí mismo, cuando sus revoluciones han alcanzado ya la medida de la duración que les corresponde; y es entonces cuando él vuelve a girar, espontáneamente, en sentido contrario, porque es un ser viviente y ha recibido desde el comienzo una inteligencia que le fuera concedida por aquél que lo compuso. Y esa su marcha retrógrada, se da en el necesariamente como algo que le es connatural, por la siguiente razón.
J.Soc: ¿Por cual?
Extr: Comportarse siempre idénticamente y del mismo modo y ser siempre idéntico a sí mismo es algo que conviene solo a los más divinos de los seres (...) Por todo ello, entonces, no debe afirmarse que el mundo gire por sí mismos, ni tampoco que a todo el un dios lo haga girar en dos direcciones opuestas ni, por último, lo hagan girar dos dioses con designios entre sí opuestos. (...) En ciertos momentos es guiado en su marcha por una causa divina diferente de él, recuperando la vida y recibiendo de su artífice una inmortalidad renovada.
(Platón, “Político”, 515)

El mito nos advierte también sobre la imposibilidad de considerar la política y la función del político sin tener en cuenta las verdaderas y reales condiciones de la vida humana ya que el político debe vérselas con una sociedad real y concreta que poco y nada tiene que ver con la “era de Cronos”.Nos muestra también al político no como un personaje legendario sino como un hombre de carne y hueso:

Extr: Que, cuando nos preguntamos por el rey y el político del ciclo actual y del modo presente de generación, hablamos del que correspondía al ciclo opuesto, pastor del rebaño humano de otrora y, por eso mismo, de un dios en lugar de un mortal y, en tal sentido, nos desviamos por completo de nuestra ruta.
(Platón, “Político”, 527)

Al mismo tiempo se afirma que para poder delinear su figura hay que tener presente el modo de vida de los hombres y su condición dentro de la sociedad:

Extr: En consecuencia, es preciso, al parecer, confiar en que solo después de precisar el modo de gobierno de la ciudad podamos exponer acabadamente al político.
J.Soc: Muy bien.
Extr: Pero yo creo, Sócrates, que la figura del pastor divino es demasiado grande para parangonarla al rey y que nuestros políticos actuales son mucho más semejantes por su naturaleza a los hombres por ellos gobernados y que la cultura y la educación de la que tienen parte se aproximan mucho más a la de sus gobernados.
(Platón, “Político”, 528)

El Extranjero introduce a esta altura un tópico clave ya que recuerda que se debe corregir el error de definir al político como criador del rebaño humano trasladando la noción de “crianza” a la de “cuidado”:

Extr: Demos entonces, marcha atrás, del siguiente modo: aquel arte, en efecto, que decíamos era auto directivo, tenia que ver con seres vivos, brindaba su cuidado no individual sino colectivamente y al que entonces llamamos sin vacilar “arte de criar rebaños”(...) criar cada uno su propio rebaño es tarea que compete a todos los demás pastores. Pero al político, al que no le corresponde, le hemos puesto ese nombre de pastor, cuando, en cambio, debía haberse aplicado algún nombre que fuese común a todos ellos.
J. Soc: Tienes razón, siempre y cuando lo haya.
Extr: ¿Y cómo no va a ser común a todos, al menos, el “brindar cuidados”, sin que deba distinguirse ni la crianza ni ninguna otra actividad en particular?.
J.Soc: ¿Y entonces?
Extr: En primer lugar- como estábamos diciendo-habría que corregir el nombre, acercándolo a la noción de “cuidado” más que a la de “crianza”.
(Platón, “Político”, 528)

Finalmente se plantea una nueva definición del político como aquel individuo cuya función es la de brindar cuidado a un rebaño humano que lo acepta de buen grado:

Extr: Si, entonces, cuando recurre a la compulsión llamamos “tiránico” al arte de brindar cuidados y, en cambio, “político” a aquél que lo brinda con aceptación voluntaria, y que es un arte de ocuparse del rebaño de animales bípedos que lo aceptan voluntariamente, a quién posee este arte y brinda este cuidado, ¿no debemos presentarlo como quién es verdadero rey y político?.
(Platón, “Político”, 530, 531, 532)

3. Definición del arte de tejer, tomado como modelo del arte político.

El extranjero recurre a un procedimiento hasta este momento no ensayado: el uso de un modelo. Explica en que consiste y como se utiliza. Toma el ejemplo de los niños que aprenden a leer para mostrar cual es el funcionamiento del paradigma como método de adquisición de un conocimiento.

J.Soc: Esto es cierto. Pero explícame en qué aspecto crees tú que nuestra exposición es aún deficiente.
Extr: ¡Qué difícil es, queridísimo amigo, poder presentar de modo suficiente, sin recurrir a modelos, cualquier cosa importante!. Pues podría parecer que cada uno de nosotros todo lo sabe como en sueños, pero, cuando esta despierto, en cambio, todo lo ignora. (...) hablaré, dado que tú estás seguramente dispuesto a seguirme. Los niños- y eso bien lo sabemos-, cuando comienzan a aprender el alfabeto...
J.Soc: ¿Qué es lo que sabemos?.
Extr: Que pueden reconocer bastante bien cada una de las letras en aquellas sílabas que son las más breves y fáciles y adquieren la capacidad de hacer afirmaciones verdaderas a propósito de ellas.
J.Soc: Claro que sí.
Extr: Pero titubean cuando esas mismas letras se hallan en otras sílabas, y así incurren tanto en opiniones como en afirmaciones falsas.
J.Soc: Exactamente.
Extr: ¿Y no será, entonces, esta la vía más fácil y mejor para llevarlos a lo que aún no conocen?.
J.Soc: ¿Cuál?.
Extr: Comenzar por ponerlos frente a aquellos casos en los que su opinión sobre esas mismas letras era acertada y, una vez frente a ellos, hacerlos comparar esas letras con las que aún no conocen; luego, estableciendo un paralelo, exhibir la semejanza y la misma naturaleza presente en ambas combinaciones, hasta que se hayan mostrado todas aquellas letras sobre las que tenían una opinión verdadera en comparación con todas las desconocidas; y, una vez mostradas y constituidas así e modelos, permitirán que cada una de todas las letras en todas las sílabas pueda ser nombrada; las que son diferentes, como diferentes de las otras, y las idénticas, como idénticas siempre y del mismo modo a sí mismas.
(Platón, “Político”, 533, 534, 535)

Luego, elige como paradigma de la política el arte de tejer vestidos de lana. Tras una serie de detallados pasos se accede a su definición en el que no solo utiliza el ejemplo mencionado antes del de los niños que aprenden a leer sino también el extranjero toma como su modelo definitivo el arte de tejer pues sabe de antemano que la estructura de uno coincide con la del otro ya que los rasgos se trasladan por analogía:

Extr: En consecuencia, nuestra definición del arte de tejer – me refiero a la definición de aquella parte que escogimos- ¿estará suficientemente precisada si decimos que, de entre todos los cuidados referidos al vestido de lana, él es el más noble e importante de todos? ¿ O bien diríamos algo de verdad, pero no estaríamos diciendo, sin embargo, algo claro ni completo antes de haber excluido todas aquellas otras artes que la rodean?.
(Platón, “Político”, 536, 537)


4. Caracterización del arte de medir y de la justa medida.

Estos conceptos tienen una gran importancia ya que de la justa medida depende la existencia no solo de la política sino de todo el arte en general:

Extr: -(...) una parte se refiere a la recíproca relación entre grandeza y pequeñez; otra, a aquella realidad que es necesaria a toda producción. (...) Hay un doble modo de ser lo grande y lo pequeño y dos modos de distinguirlos y que no deben tomarse únicamente en su mutua relación sino por un lado, se da su relación recíproca y, por otro, la relación de ambos con el justo medio. (...)
Si se concede que la naturaleza de lo que es más grande no guarda relación alguna sino con lo que es más pequeño, jamás estará en relación con el justo medio.
En consecuencia, ¿con tal afirmación no estaríamos destruyendo las artes mismas así como también la totalidad de sus productos? Y, seguramente, también la política, que ahora buscamos, y el arte de tejer de la que ya hablamos, ¿no estaríamos haciéndolas desaparecer? En efecto, las artes de tal tipo se cuidan bien de no caer en el más o en el menos del justo medio, y los consideran no como algo inexistente, sino como algo peligroso en lo que a sus actividades se refiere; y precisamente de ese modo, cuando preservan la medida, logran que sus obras sean todas bellas y buenas.
(Platón, “Político”, 548, 549, 550, 551)

De todo el análisis precedente se infieren dos tipos de medidas. La relativa es aquella que mide teniendo en cuenta la relación de una cosa con su contraria y la absoluta que es la que mide teniendo en cuenta la relación que una cosa guarda con la justa medida.

Extr: -Está claro que podríamos dividir el arte de medir, como dijimos, cortándolo en dos del siguiente modo: ubiquemos en una de sus porciones todas aquellas artes que miden en relación con sus opuestos un número, una longitud, una profundidad, un ancho, una velocidad; y, en la otra, las que miden en relación con el justo medio, es decir, con lo conveniente, lo oportuno, lo debido y, en general, todo aquello que se halla situado en el medio, alejado de los extremos.
J. Sóc: - Bien importante es cada una de estas dos secciones que acabas de mencionar, y bien diferentes, además, son una de la otra.
Extr: -(...) de la medida participa, en cierto modo, todo cuanto pertenece al dominio del arte.
(...) Lo que debe hacerse una vez advertida la comunidad existente en una multiplicidad de cosas, es no darse por vencido antes de haber visto todas las diferencias que ella comporta (...); también, por otra parte, cuando se hayan visto en una multitud de cosas las más diversas desemejanzas que hay en ellas, no habrá que ofuscarse antes de que, cercando dentro de una única semejanza los rasgos de parentesco, se las abarque en la esencia de algún género. (...)
(Platón, “Político”, 552)

5. Distinción de los estamentos de la sociedad y de los diferentes regímenes de gobierno, para llegar a la definición final del político como tejedor real

Distingue la política de las otras funciones menores que se cumplen en la sociedad, especialmente las de esclavos y comerciantes.

Extr: -En verdad, los servidores que lo son en el sentido más pleno – si los miramos desde nuestra perspectiva- descubrimos que poseen una ocupación y un carácter opuestos a los que sospechábamos.
J. Sóc: -¿Qué servidores?
Extr: -Aquellos que pueden comprarse con dinero y que, de ese modo, constituyen una posesión, ¿no es indiscutible que a ellos tenemos que llamarlos “esclavos”, y de ningún modo pueden pretender al arte real?
(...) De entre los hombres libres, aquellos que se enrolan voluntariamente al servicio de los que poco antes mencionamos, que intercambian los productos de la agricultura y de las demás artes, que los distribuyen, sea a los mercados, sea trasladándose de ciudad en ciudad por mar o por tierra, trocando moneda por mercancías o moneda por moneda, y a los que damos el nombre de “cambiadores de dinero”, “comerciantes”, “armadores” y “revendedores”, ¿tienen acaso alguna pretensión en los asuntos políticos?
(Platón, “Político”, 561-562)

También las de adivinadores y sacerdotes.

Extr: -Acerquémonos aún más a los que todavía no hemos examinado. Se trata de quienes se dedican a la adivinación y tienen una parcela de una ciencia relativa a la prestación de servicios; en efecto, se los considera, generalmente –creo yo- intérpretes de los dioses para los hombres.
(...)Y, a su vez, también el género de los sacerdotes, según habitualmente se afirma, es el que, por medio de sacrificios, sabe ofrecer a los dioses, de nuestra parte, presentes que son de su agrado y rogarles con sus plegarias que nos concedan la posesión de bienes. Éstas son, una y otra, sin duda, opciones del arte de prestar servicios.
(Platón, “Político”, 563)

Pasa revista también a los diferentes funcionarios subordinados al político-rey excluyendo especialmente a los pseudopolíticos, que fingen ser políticos sin serlo, a los que define como un coro de sofistas embaucadores.

J. Sóc: -Habla ya; porque da la impresión de que estás viendo algo insólito.
Extr: -Sí, dado que lo insólito es siempre resultado de la ignorancia. También yo sentí ahora esa misma impresión: quedé repentinamente desconcertado al ver ese coro que evoluciona en torno a los asuntos de la ciudad.
J. Sóc: -¿Cuál coro?
Extr: el de todos los sofistas, enorme embaucador y el más versado en este arte. A él debemos aislarlo de todos aquellos que son verdaderamente políticos y reyes, aunque sea dificilísimo hacerlo si queremos ver con toda claridad lo que estamos buscando.
(Platón, “Político”, 564)

Enumera, también, los distintos regímenes de gobierno y los criterios de mayor o menor bondad sobre los que fundamenta esta clasificación.
Define, finalmente, al verdadero político como aquel que se halla en posesión del arte de gobernar, no importando si es rico o pobre sino si lo hace con el consentimiento de los súbditos o sin él, conforme a leyes o sin ellas.

Extr: -Estos hombres, gobiernan con la aceptación voluntaria de sus súbditos o sin ella, según códigos escritos o sin ellos, sean ricos o pobres, debemos considerar –tal como antes pensábamos- que ejercen su gobierno, cualquiera que sea, conforme a un arte. Otro tanto ocurre en el caso de los médicos: que nos curen con nuestro asentimiento o sin él, cortando, quemando o provocándonos algún otro sufrimiento, lo hagan según un código escrito o prescindiendo de él, sean pobres o ricos, en ningún caso vamos a dejar de llamarlos médicos, siempre que sus prescripciones respondan a un arte y, al purgarnos o reducir de algún otro modo nuestro peso o bien aumentarlo, lo hagan para bien de nuestro cuerpo, mejor en su estado y salven con sus tratamientos a los pacientes a su cuidado. De este modo, en mi opinión, y no de otro, podemos determinar que esta caracterización es la única recta de la medicina y de cualquier otro tipo de actividad rectora.
J. Sóc: -Perfectamente.
Extr: -Por necesidad, entonces, de entre los regímenes políticos, al parecer, es recto por excelencia y el único régimen político que puede serlo aquel en el cual sea posible descubrir que quienes gobiernan son en verdad dueños de una ciencia y no sólo pasan por serlo; sea que gobiernen conforme a leyes o sin leyes, con el consentimiento de los gobernados o por imposición forzada, sean pobres o ricos, nada de esto ha de tenerse en cuenta para determinar ningún tipo de rectitud.
(Platón, “Político”, 568, 569)

Al joven Sócrates no le resulta aceptable la idea de que el político pueda gobernar sin leyes, se introduce a esta altura del diálogo una reflexión sobre la naturaleza de la ley, utilizada como un recurso necesario e ineludible en ausencia del verdadero político dotado de arte.

J. Sóc: -Sobre las demás cuestiones, extranjero, me parece que te has expresado con mesura; pero eso de que se deba gobernar sin leyes es una afirmación que resulta más dura al oído.
Extr: (...) la ley jamás podría abarcar con exactitud lo mejor y más justo para todos a un tiempo y prescribir así lo más útil para todos. Porque las desemejanzas que existen entre los hombres, así como entre sus acciones, y el hecho de que jamás ningún asunto humano –podría decirse- se está quieto, impiden que un arte, cualquiera que sea, revele en ningún asunto nada que sea simple y valga en todos los casos y en todo tiempo. En esto estamos de acuerdo, ¿no es cierto?
J. Sóc: - Sí, por supuesto.
Extr: - Y la ley, en cambio, -eso está claro- prácticamente pretende lograr esa simplicidad, como haría un hombre fatuo e ignorante que no dejara a nadie hacer nada contra el orden por él establecido, ni a nadie preguntar, ni aun en el caso de que alguna persona se le ocurriese algo nuevo que fuera mejor, ajeno a las disposiciones que él había tomado.
J. Sóc: -Es verdad. La ley, en efecto, procede con cada uno de nosotros exactamente como acabas de decir.
Extr: -¿No es, entonces, imposible que se adapte bien a lo que jamás es simple aquello que se mantiene constantemente simple?
J. Sóc: -Es muy posible.
(Platón, “Político”, 570, 571)

La reflexión final apunta a demostrar que todos los regímenes de gobierno son solo imitaciones frente al único régimen de gobierno perfecto: el varón dotado de arte:

Extr: De este modo-podemos decirlo- han surgido el tirano, el rey, la oligarquía, la aristocracia y la democracia, porque los hombres no hallan de su gusto a aquél único monarca y no confían en que alguien pueda alguna vez llegar a ser digno de tal gobierno, al punto de querer ser capaz, gobernando con virtud y ciencia, de dispensar a todos, correctamente, lo justo y lo pío; creen, por el contrario, que podría maltratar, matar y hacer daño a quién de nosotros quisiera, en cualquier oportunidad. Pero si apareciese un individuo tal como aquél del que hablamos, se le daría, sin duda, una benévola acogida y viviría con toda felicidad y exactitud, él solo, aquel que es el único y perfecto régimen político

(Platón, “Político”, 584)

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NOTAS
(1) Profesor en Historia (ISJVG). Jefe del departamento Investigación Histórica del Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche. Autor de Marxistas Latinoamericanos y Los Malditos. Hombres y Mujeres Excluidos de la Historia Oficial de los Argentinos. Titular de las cátedras Investigación Histórica II y Epistemología de la Historia y de las Ciencias Sociales en el Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche. Conferencista.

(2) Skemp, J.B: Plato s Statesman, Londres 1952, Pág. 13 a 17.

(3) Tema lírico esbozado por Sófocles en Electra, y utilizado por Eurípides en Orestes. Atreo y Tiestes eran hijos de Pélope, quién había obtenido la mano de Hipodamía como premio a su victoria sobre Enómao en una carrera de carros, ganada gracias a los artificios empleados por su cochero Mírtilo, hijo de Hermes. Mas tarde, Pélope arroja al mar a Mírtilo. Para vengar la muerte de su hijo, Hermes suscita, entonces, la discordia entre Atreo y Tiestes, quienes se disputan el trono de Argos. Hermes hace nacer en el rebaño de Atreo un carnero con pelaje de oro, que Atreo esgrime para legitimar su derecho al trono. Pero Tiestes logra apoderarse del prodigio seduciendo a la esposa de su hermano y se adueña así del reino. Atreo reclama entonces de Zeus un signo en su favor y el dios, accediendo a su petición, invierte el sentido de la marcha del sol y de los astros. En el fondo de esta tradición, pueden discernirse especulaciones astronómicas, surgidas tal vez de la oposición entre el movimiento aparente del sol en su marcha cotidiana (de Este a Oeste) y el desplazamiento anual del sol a través de los signos del Zodíaco (de Oeste a Este); puede haberse imaginado, quizás, que ambos trayectos se verifican originariamente en el mismo sentido.


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