Capacitación docente
SEMINARIO:
CINE, LITERATURA E HISTORIA. ARTE POPULAR Y CONFLICTO SOCIAL EN EL NORESTE A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX.
Por Rogelio Paredes (*)



El propósito del curso sobre Cine, literatura e historia. Arte popular y conflicto social en el noreste argentino a principios del siglo XX, presentado en el Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche de Merlo, el día 8 de junio de 2007, tuvo un doble propósito: por un lado, y desde el punto de vista histórico, describir las formas en que el cine y la literatura abordaron los procesos de ocupación y explotación de las tierras recientemente incorporadas al Estado argentino en el Chaco y Misiones entre finales del siglo XIX y comienzos del XX y se convirtieron en objeto del arte popular y, por otro, desde el punto de vista metodológico, proponer estrategias para utilizar materiales artístico para el estudio de los procesos históricos en el aula.
Para alcanzar esos objetivos, se trazó en el inicio una breve reconstrucción histórica del proceso de conquista y colonización de los territorios que conforman las actuales provincias del noreste argentino (Chaco, Formosa, Misiones y los bordes boscosos de Santiago del Estero y Santa Fe) como parte del denominado proceso de “ocupación de áreas vacías”1 que, durante la segundo mitad del siglo XIX llevó a los Estados hispanoamericanos a extender sus fronteras sobre regiones marginales, consideradas vacías, pero ocupadas efectivamente por sociedades aborígenes, para incorporarlas como zonas bajo su poder soberano y como espacios productores de bienes primarios para el mercado mundial.
Entre 1880 y 1900 el ejército nacional, luego de someter a las grupos indígenas de la región, estableció un sistema de débil ocupación, sentado en gran medida en los campamentos y unidades militares levantados en operaciones. La vastedad del territorio, la escasez de población en condiciones de incorporarse al sistema productivo, y la completa ausencia de vías de comunicación impulsaron al Estado nacional –que ejercía su control directo sobre esas regiones bajo la forma administrativa de territorios nacionales- otorgó enormes concesiones territoriales, ventajas fiscales y facilidades políticas y económicas a grandes empresas extranjeras dedicadas a la explotación maderera, la elaboración de tanino y la producción de yerba mate, urgido por la necesidad de extender su dominio efectivo sobre los territorios, favorecer su colonización y mantener soberanía sobre ellos. Desde luego, como señala el observador francés Pierre Denis2 -que visitó la Argentina entre 1912 y 1914- esas condiciones fueron aprovechadas por los empresarios para consolidar un sistema de extracción de los recursos, empleo de la mano de obra y construcción de vías de comunicación que las beneficiaba de manera casi monopo-lística y que crearon relaciones laborales caracterizadas por la explotación, el abuso y, en ciertos casos, la aniquilación por las condiciones infrahumanas del trato dado a sus peones.
Regularmente, ante la carencia de mano de obra, las empresas recurrían a los servicios de contratistas que, en Corrientes, Posadas y Asunción, reclutaban trabajadores necesitados de empleo por medio de la firma de contratos al parecer fabulosamente ventajosos, que terminaban por convertirse en origen de una esclavitud encubierta y prolongada por diversos mecanismos –deudas, extor-siones o simple brutalidad- que provoca-ban huidas o violentas revueltas, duramente reprimidas
Este escenario tropical, con su carga de violencia y exotismo, permanecía casi ignorado para el público urbano e ilustrado de la época, mayoritario en Buenos Aires, que anhelaba llevar adelante en la Argentina los modelos sociales, culturales y artísticos de Europa. Fue el notable cuentista argentino-uruguayo Horacio Quiroga (1879-1938) enrolado inicial-mente en la corriente de la literatura modernista liderada por Leopoldo Lugones (1874-1938) quien, en 1903, descubrió en el interior de las provincias del Chaco y Misiones el fascinante mundo social y cultural que convertiría en motivo de su inspiración y de su celebridad literaria. Quiroga comenzó a lograr renombre como autor de cuentos en la revista Caras y Caretas, favorita del público rico e ilustrado de la capital. Aprovechando el impacto del medio hostil y bárbaro de los montes chaqueños y misioneros, Quiroga deslumbró a sus lectores de clase media y alta. Al finalizar la década de 1920, comenzó a publicar sus cuentos en forma de colecciones: Cuentos de Amor, Locura y Muerte (1917), El salvaje (1919) y Los desterrados (1926) resultaron luego algunas de las más valoradas.
Al promediar la década de 1930, la crisis política y económica que atravesaba la Argentina dio nuevos aires a la búsqueda de una identidad cultural que robusteciese las esperanzas de una salida a la situación. El lema de FORJA, “Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre” atrajo nuevamente el interés de autores y realizadores hacia la temática abordada por los cuentos de Quiroga, pero para orientarla ahora a un público urbano más vasto y popular a través de un nuevo lenguaje artístico, el del cine. Estas influencias fueron decisivas para la realización de Prisioneros de la tierra (1939) película dirigida por el notable cineasta ítalo-argentino Mario Soffici (1900-1977) y producida por la singular empresa Pampa Film de Olegario Ferrando, interesada en temas autóctonos. El guión, a cargo de Ulyses Petit de Murat y César Quiroga reunía en un argumento atractivo tres célebres relatos de Quiroga: Los mensú (la vida de los trabajadores del monte), Una bofetada (historia de la venganza de un peón contra su capataz, aparecida en El salvaje) y Los destiladores de naranja (el trágico fin de un médico europeo arruinado por la bebida y de su hija, asesinada por su padre en un rapto de locura, publicada en Los desterrados)
Prisioneros...tuvo una formidable repercusión. El propio Jorge L. Borges (1899-1986) escribió en una crítica aparecida en Sur en octubre de 1939 que la consideraba inicio de una empresa cinematográfica que, a su juicio, superaría al cine francés y al estadounidense.
Varios elementos de la temática de Prisioneros... reaparecen más tarde en una de las películas más celebrada de Hugo del Carril, Las aguas bajan turbias (1952) inspirada en el libro del dirigente comunista Alfredo Varela El río oscuro, cuyo aporte fue excluido de los créditos por hallarse preso en ese momento a causa de su militancia política. Del Carril, personalmente enfrentado con el secre-tario de medios del gobierno peronista Raúl Apold, llevó a cabo en Las aguas... una vigorosa denuncia social contra los abusos de las empresas yerbateras del monte misionero, mientras procuraba despertar en el público una firme conciencia de la importancia de la organización sindical para combatir los abusos patronales. La sincera adhesión peronista de Del Carril y su convicción de que la Argentina justicialista había remediado esos atropellos lo llevó a presentar su obra como el amargo recuerdo de un pasado superado, lo que no despoja a la obra de su carácter testimonial y de una audacia en sus planteos pocas veces vista en el cine argentino de entonces.
Es así como el recorrido del breve curso sobre Cine, literatura e historia trató de proponer una doble vía de acceso al tema que intento plantear. En primer lugar, el proceso histórico que convirtió a las duras condiciones sociales del noreste argentino, resultado de su forma de incorporación al país, primero en un objeto literario destinado al público ilustrado y cosmopolita de las ciudades, y luego en un instrumento cinematográfico destinado al desarrollo de la identidad nacional y política entre sectores más amplios. En segundo lugar, la posibilidad de abordar un tema histórico a través de textos literarios y cinematográficos.



El Director del Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche,
Prof/Lic. Marco A. Roselli presenta al Doctor Rogelio Paredes.

 





Hubo una importante convocatoria de un público compuesto por docentes de distintas disciplinas, estudiantes e interesados de la comunidad.

(*) Doctor en Historia (UBA). Autor de Origen y poder: Poder económico y administración política en Buenos Aires (1852 – 1910); Pasaporte a la utopía: Literatura, individuo y modernidad; Campana: Modernidad y crisis 1855 – 1930.

1-Cardoso y Pérez Brignoli: Historia económica de América Latina 2, Barcelona, Crítica, 1986, p. 63-82.
2 -Demis, P.: La valorización del país: la República Argentina 1920, Buenos Aires, Solar, 1987, capítulo IV.

 

 

>> volver

Bs.As. - Argentina
Instituto superior Dr. Arturo Jauretche | Arenales 940 | P. San Martín | Merlo - 1722 - B.A. | Tel. 0220-4805594